Rebaja de sueldos: ¿una medida ejemplar?

Una persona que escribe en Facebook con el pseudónimo Miguel Marco me envía invitación a contestar una pregunta en la misma red social. Esta pregunta hace referencia a una moción presentada por el Partido Popular de Los Palacios sobre reducción de sueldos a políticos y reducción de personal eventual como consecuencia de los problemas de liquidez por los que pasa el ayuntamiento. Me he llevado varios días pensado la respuesta y, cuando la fui a exponer, comprendí que era demasiado extensa para ponerla en el Facebook, así la escribo aquí y por fin lo estreno.

Vayamos por partes, que diría Jack el Destripador.

Para empezar, pienso que las cuentas que detalla Manuel Vargas en la misma pregunta son impecables. Las he repasado (modestamente) y no les veo fallos. Pero no soy experto en la materia, por supuesto, lo único que he hecho es sumar y multiplicar. A pesar de eso, no veo cuál es la relación entre bajarse el sueldo y ser mejor político o persona. Sin embargo, que el Partido Popular de Los Palacios haya bajado el sueldo a su concejal liberado de manera consensuada con éste y de manera unilateral es considerado como una especie de afrenta a la sostenibilidad del gobierno por unos, o como una actitud demagógica por otros. Vamos, lo que se suele llamar “cogérsela con papel de fumar…”

Un trabajador debe cobrar según el trabajo que desempeña, su formación, su especificidad, el grado de responsabilidad… Un alcalde, un concejal, un asesor o un regabinaó cobran un sueldo según estos parámetros. El sueldo de un trabajador debería ser inviolable, puesto que es la base de la transacción comercial con el dueño de los medios de producción y una de las razones por la que se levanta temprano cada mañana. La rebaja del sueldo de una persona, voluntaria o involuntariamente, supone una merma de la capacidad adquisitiva del trabajador que no va correlacionada con una mejora de sus condiciones laborales o de otro tipo. Al sujeto que sufre la disminución del sueldo nadie le va a rebajar el precio de la luz, del gas, del agua, de la hipoteca, del Mercadona… El trabajador, por lo tanto, sufre una penalización como si estuviese haciendo mal su trabajo, y no es el caso (en principio).

Sin embargo, para este partido el sacrificio del trabajador es algo ejemplarizante, cosa que no deja de sorprender y que tiene que ver más con cuestiones ideológicas relativas a la tradición judeocristiana del sacrificio como vía de santificación o de mejora del individuo que con razones prácticas. El problema es que el sacrificio, cuando es innecesario o basado en conceptos equivocados, no conduce a nada. De hecho, para reducir el déficit pueden existir otras vías que no sea el despido masivo o la reducción de sueldos. Claro que para encontrarlas hay que dejar la senda de la ortodoxia y ser algo más imaginativo.

Un político es un caso especial de trabajador, con responsabilidades importantes y con gastos asociados que no son los habituales. Existe actualmente una tendencia a desprestigiar al político, a criticarlo como alguien que trabaja poco y en exclusiva para su propio beneficio o de sus allegados. Hay ejemplos notables de eso en todos los partidos, sin excepciones. Sinvergüenzas hay en todos lados. Sin embargo, ciertos sectores de opinión parecen interesados en establecer una relación entre lo mal que está la economía y el mal trabajo de los políticos en general, apuntando a la necesidad de que estos se reduzcan el sueldo para solucionar la crisis. Error. No hay relación causa-efecto: si el político hace mal su trabajo, o se le sustituye, o se le dice que espabile, no se le rebaja el sueldo como cuando se castiga a un niño por no hacer sus deberes. En vez de una reacción infantil del tipo ¡Te quedas sin postre!, lo que hay que hacer es invitar al político a que escuche el clamor popular que reclama mayor justicia social.

No pienso que la propuesta del PP sea demagoga sino que es una consecuencia ideológica de esta formación, que incorpora los prejuicios judeocristianos que ya he comentado con  estrategias ideológicas tendentes a reducir lo público en favor de lo privado (pruebas: me remito a lo que está haciendo en otras Comunidades Autónomas, lo que se hizo desde 1996 hasta 2004. Se puede argumentar que el PSOE también privatiza: pues sí, es cierto. ¿Y qué? También podemos hablar de eso, pero la propuesta que nos ocupa es del PP). Primero fueron los funcionarios, que cobran mucho para el trabajo que hacen; luego los políticos, que son unos inútiles; ahora los maestros, que tienen mucho tiempo libre; mañana… Se está fomentando, consciente o inconscientemente,  una imagen del trabajador público como alguien innecesario que cobra por encima de lo normal, porque hacen menos de lo que deben. Es alimentar una idea perniciosa que crece con facilidad en la sociedad cuando ésta está descontenta, porque ya nadie se acuerda cuando un alicatador podía ganar más de 5.000 € al mes, mientras muchos trabajadores públicos siguen y seguían alrededor de los 1.000 €. Cuando algo va mal, lo lógico es prescindir de lo superfluo. Prescindir o reducir el sueldo del político es inducir a pensar que éste es innecesario. De ahí al fomento del totalitarismo no va mucho. Mal vamos, porque la política es la base de nuestra sociedad.

No digo que el PP fomente el totalitarismo; es un partido de profundas raíces demócratas. Es la idea en sí la que lo hace.

En segundo lugar, no entiendo la razón de los liberados de los distintos partidos. En un momento en que se despiden a trabajadores públicos (¡huy, que me he equivocado, que ahora se dice “no-renovados”!), ignoro la razón por la que un trabajo administrativo (según expuso Manuel Vargas) que consiste básicamente en recoger las propuestas de los ciudadanos, presentar escritos en el registro del ayuntamiento o recoger documentación del mismo (esto es lo que me imagino que hace; ruego que si me equivoco que me corrijan) deba tener una persona dedicada a eso. Sobre todo porque la alternativa, es decir, como se ha hecho siempre, ha venido funcionando sin problemas. Siempre había alguien que si no hoy, mañaana podía recoger o entregar algo en el Ayuntamiento, por no hablar de las horas laborales que se han sacrificado para acudir a reuniones, y que deben seguir sacrificándose. De seguir así, habría que considerar el liberar a gente de hermandades, asociaciones… Sinceramente, con perdón, pienso que sobran, porque profesionaliza una figura que es innecesaria en un pueblo como éste. Es más, si cada concejal cobra 400€ y cede esa cantidad a su partido, la suma en bruto (2.400 €) da para pagar a una persona sin que ésta suponga ninguna carga para la exigua tesorería municipal. Claro que el Partido Andalucista en este caso está en franca desigualdad.

En cuanto a los coordinadores y asesores, mi opinión es confusa. Al principio me sorprendió, porque recuerdo las encendidas soflamas del actual alcalde contra su antecesor, cuando cargaba contra sus asesores y lo que cobraban. Para muestra, esta convocatoria de mitin donde (imagino) se despacharían a gusto sobre el tema.

Convocatoria pública de mitin electoral de IP-IU del 6 de mayo de 2011.

Entiendo la necesidad de un alcalde de contar de gente de confianza que le asesore en determinados temas o le realice gestiones que no son propias de un concejal. Es básico para mantener una coherencia interna en la coordinación de las diferentes políticas municipales. Es decir, pienso que si no son comisarios políticos, son necesarios. Respecto a los coordinadores, reconozco que al principio los consideré innecesarios, en tanto que ya había personal perfectamente formado que ejercía estas funciones con criterios administrativos y no políticos. Para eso están los concejales y los asesores. Sin embargo, al apartar a estas personas, perfectamente formadas y capaces en la mayoría de los casos, de sus funciones para sustituirlos por otras sin la suficiente experiencia, evidenciaba la profunda desconfianza de IP-IU hacia unos trabajadores que, en la mayoría de los casos, lo que pretendían era ganarse el sueldo. Pero parece claro que con anterioridad a la toma de posesión, la gente de IP-IU fue advertida por otros trabajadores municipales con menos escrúpulos que les aconsejaron de manera interesada hacia sus propios fines, nada claros por cierto. Me parece que ahora empiezan a darse cuenta. Por mi parte, advertí en su momento a la persona que correspondía (que me echó la misma cuenta que el que oye llover, dicho sea de paso). Ahora pienso que, si se plantea el asunto, habría que analizar las funciones de unos y de otros. Puede que determinadas delegaciones o áreas funcionales los necesiten, mientras que otros ejercen tan solo de comisarios políticos. Esos son innecesarios.

En resumen, no estoy de acuerdo con la propuesta del PP. Sobre todo cuando el ahorro no es tan importante y porque haciendo un plan adecuado, es posible ahorrar más sin mermar la capacidad adquisitiva de nadie y sin reducir los servicios que un Ayuntamiento debe ofrecer al municipio. Pero si el PP quiere hacerlo de manera unilateral, está en su derecho sin que nadie tenga que decirle nada. ¡Faltaría más!

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