Archivo mensual: octubre 2011

El voto aleatorio o al azar.

Desde que el pasado 15 de mayo de 2011 se produjera el nacimiento del movimiento ciudadano que reclama una gestión de la política más representativa, participativa y transparente, se han sucedido diversas manifestaciones orientadas a reclamar este derecho castigando a los partidos mayoritarios. Una de las iniciativas popularizadas a partir de esta fecha ha sido No Les Votes. Dado que, según exponen, los partidos mayoritarios no prestan la atención debida al ciudadano, éste debería analizar otras opciones de voto diferentes a la abstención o al voto nulo. La idea, por tanto, es llamar la atención al político y romper, de alguna manera, el bipartidismo imperante que no se encuentra al servicio de la ciudadanía, sino de intereses menos transparentes y generalmente a la espaldas del pueblo al que (se supone) sirve, mediante el ejercicio de nuestro derecho constitucional a votar libremente, en este caso a partidos minoritarios.

No puedo disimular que simpatizo con este movimiento porque es, en esencia, un movimiento que propugna la democracia básica, la libertad del individuo a elegir su voto y que las instituciones democráticas deben estar al servicio del pueblo, no a la inversa. Porque, como mucha gente piensa, no vivimos en democracia, sino en una oligarquía más o menos amplia, de más o menos fácil acceso. Pero el ciudadano de a pie no participa en la toma de decisiones, salvo cada cuatro años para emitir un voto. Eso, digan lo que digan, no es democracia. Como mucha gente, quiero participar en las decisiones, quiero que se habiliten los cauces adecuados (es decir, ordenados y eficientes) para que el gobernante pueda escuchar lo que tengo que decir. A lo peor, no digo más que tonterías. Pero ¿y si una vez dijera alguna tontería útil?

La cuestión es ¿a quién voto? Porque, seamos serios, la mayoría de la gente no lee los programas políticos. A lo más que puede llegar es a leer algún panfletillo o acudir a un mitin donde, sin ningún lugar a dudas, la única idea que va a recibir es lo buenos que son ellos y lo malos que son los otros. Es más, si sacamos de la lista al PSOE, PP y CiU ¿cuántos partidos eres capaz de citar quitando IU, UPyD y algún otro regionalista? Otra opción es mirar el BOE y ver los partidos que se presentan por tu provincia. De todas formas, la cuestión sigue estando ahí ¿cómo eliges al partido al que vas a votar?

Imaginemos que queremos una elección más simple y sin necesidad de perder (o no) el tiempo en leer un programa electoral o en decidir si uno u otro nos representa más desde un punto de vista ideológico. Si estamos decididos a protestar contra el bipartidismo y llamar la atención a nuestro políticos sobre nuestro deseo de una democracia más participativa, lo suyo es que salgan elegidos mientras más partidos políticos, mejor (dejemos para otro día las discusiones sobre la gobernabilidad que, si hay voluntad y ganas, no sería un gran problema) que en pensar en tendencias o afinidades, debemos pensar en que la proporción de candidaturas escrutadas sea diversa. ¿Cómo hacer que la gente vote de manera que salgan el máximo posible de candidaturas?

Hace unas semanas leía en el Facebook de Jorge Javier Frías Perles sobre el voto al azar. Me llamó la atención y de pronto me vi, mentalmente, dentro de una cabina electoral haciendo lo de “pito, pito, gorgorito…” sobre las papeletas. No es mal sistema y, en principio, puede ser interpretado como aleatorio porque, si no sabes el orden de colocación de papeletas ni el número de ellas, puede ser difícil que la elección sea condicionada. Pero ¿somos lo suficientemente coherentes para aceptar el resultado final de nuestra elección? Imaginemos que somos de ideología profundamente conservadora, tanto que el PP nos parece medio comunista. Si elegimos al azar y nos sale una papeleta de un partido de tendencia maoista ¿seremos capaces de anteponernos a nuestra repulsa y meter la papelera en el sobre? El método no es perfecto.

Después de darles algunas vueltas al tema y para no aburrir demasiado, se me ha ocurrido un método. Hay que tener dos consideraciones previas:

La primera es que la lista de candidaturas no es exactamente igual en todas las mesas electorales. Cada mesa tendrá las papeletas de las candidaturas proclamadas en cada provincia y cada elector podrá votar a esas opciones. Si te gusta un partido que sólo se presenta en Galicia, lo siento, tendrás que empadronarte allí. La lista está oficialmente publicada aquí.

En segundo lugar, hay que elegir un sistema que sea realmente aleatorio. Por proponer uno relativamente fácil y limpio: la función “random” de la mayoría de las hojas de cálculo. Voy a usar para ello la hoja de cálculo “Calc” de LibreOffice. Para el “Calc” de OpenOffice o “Excel” de MSOffice el procedimiento es muy similar. Para ello abro el programa y pincho en el asistente de funciones de la hoja de cálculo (o sea, el símbolo de función matemática que se representa como f(x))

Cuando se abre la ventana, selecciono aquella que hace referencia a una función aleatoria. En mi caso, me permite acotar los valores sobre los que me va a dar el valor. Esto es muy útil porque si se presentan 10 candidaturas, que te salga el número 11.379 complica un poco la cosa.

Como vivo en la provincia de Sevilla, consulto el número de candidaturas y veo que en total son 17, pero hay tres no proclamadas. Es decir, si salen los números 1, 14 o 16 tengo que repetir la operación. Pues bien, tras pulsar en el botón “Siguiente” de la ventana anterior me aparecen las opciones para acotar la función para que me salgan números aleatorios entre 1 y 17.

En el momento que le dé al botón “Aceptar” me saldrá un valor aleatorio. Ahora sólo basta con ir a la lista de candidaturas y comprobar cuál es la elegida.

Una vez efectuadas las consideraciones previas, es necesario establecer el procedimiento para ejecutarlo. Si no nos fiamos de nosotros mismos ni de nuestra propia voluntad, hagámoslo en grupo. Somos monos sociales, nos gusta hacer cosas juntos. Podemos idear un sistema de intercambiar votos, una especie de contrato entre dos personas: yo voto la opción que te salga a ti y tú la que me salga a mí. De esta manera hacemos el método aleatorio más seguro, porque la decisión del voto ya no es tuya, es la que venga impuesta por tu compañero de intercambio de votos. Tú no estás votando tu elección, sino la suya. Aunque seas tú el que vota. Es más, podemos añadir un elemento más al sistema. Utilicemos las redes sociales, tan en boga en los últimos años, para contactar con personas conocidas o desconocidas que vivan a muchos kilómetros de nosotros pero que compartan nuestro interés. Evidentemente, en el intercambio de votos debe tenerse en cuenta la provincia de destino, para evitar errores. Y para que sea perfectamente aleatorio deben estar incluidos todos los partidos concurrentes. Si se excluyen del resultado final aquellas opciones que nos gusten menos, el resultado no sería aleatorio. Para que lo sea TODAS las opciones tienen que tener la misma probabilidad de salir.

Como es evidente, el sistema puede complicarse hasta el punto que uno quiera. Para certificar de alguna manera que el voto es el seleccionado al azar, podemos sacarnos una foto en el momento de la recogida del voto para enviárselo, vía red social, a nuestro compañero de intercambio. O podemos filmar en vídeo todo el proceso, desde la toma del voto hasta su introducción en la urna, para certificar que se cumple con la palabra dada. Las posibilidades son casi infinitas: creación de grupos o un perfil determinado en alguna de las redes sociales existentes, etiquetas, plataformas independientes…

¿Quién se apunta?

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Una crítica a los despidos y una propuesta.

En los últimos meses he escrito mucho, fundamentalmente en Facebook, sobre los despidos que se están sucediendo en el Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca. Para evitar que alguno se equivoque y que quiera detectar incoherencias (que las puede haber) entre lo que digo en un sitio o en otro, las voy a poner aquí todas juntas, sirviéndome del auto-plagio para ahorrarme trabajo.

A modo de pequeñísima introducción hay que exponer que durante la campaña electoral, determinados miembros y/o simpatizantes de IP-IU alentaron a su electorado diciendo que iba a realizar “una limpia” en el Ayuntamiento, eliminando a los enchufados. Eso no sólo quedó en la campaña, sino que tras los comicios, se dio el caso de que algún cargo electo acudió a las instalaciones municipales a advertir que esa “limpia” iba a producirse. Esta circunstancia generó tal grado de inquietud entre los trabajadores municipales que el candidato por IP-IU, Juan Manuel Valle Chacón, tuvo que realizar declaraciones a la TV Los Palacios el pasado 25 de mayo para “lanzar un mensaje de tranquilidad a todo nuestro pueblo y especialmente a los trabajadores de la plantilla del ayuntamiento” explicando su intención de hacer un gobierno “basado en el respeto a los trabajadores del Ayuntamiento“, entre otras cuestiones.

Sin embargo, a finales de junio se despidieron a unas 50 personas (la cifra no está clara, unos dicen que 52, otros 51 y otros 49: me quedo con un número redondo). Esto cayó como un jarro de agua fría porque las declaraciones en los medios (como se puede comprobar) fueron otras. Es más, se hizo gala de un desafortunado (a mi entender) juego dialéctico repetido en varias ocasiones para salvar el tipo: no son despidos, son no-renovaciones, terminaciones de contratos. Es evidente que quien domina los términos encuentra la fórmula para sacudirse su responsabilidad.

En todo caso, es una sangría que sigue produciéndose lentamente en el Ayuntamiento. Aunque, para no faltar a la verdad, los despidos comenzaron con el anterior gobierno socialista, muchos de ellos con la amenaza/promesa de volverlos a contratar cuando “la cosa” fuese mejor (vamos… no denuncies y no seas tonto, que se te cierran las puertas). A pesar de que ciertas voces tildan los despidos como partidistas, tienen poca razón. La realidad es que tras 26 años de gobierno socialista, pocas son las personas que trabajan en el consistorio que no tengan una relación con el PSOE, ya porque sean afiliados, o familiares, o amigos, o afines, o… Es un argumento absurdo. Mi principal problema con los despidos no es su aparente falta de criterio, no es que las arcas estén vacías por culpa del anterior gobierno (una realidad indiscutible que, a pesar de ser cierta, se repite incansablemente como excusa, porque la realidad es que no sabe cómo salir del problema en dónde están metidos y tienen que echar la culpa a alguien). El problema es que IP-IU fue una bocanada de aire fresco en los enrarecidos asuntos municipales que concitó la esperanza del cambio en muchos ciudadanos, pero empiezan a hacer lo mismo que sus predecesores: mentir. La “no renovación” de una persona que lleva muchos años trabajando para el Ayuntamiento mediante la concatenación sin solución de continuidad de contratos temporales es un despido, lo diga Agamenón o su porquero, en palabras de Antonio Machado. No es la única vez que mienten en tan corto recorrido de esta legislatura. Pero abundemos…

Una táctica empresarial básica en el mundillo de la ortodoxia capitalista consiste en despedir a los trabajadores en cuanto las cosas empiezan a no ir bien. Que eso suceda en empresas pequeñas, de pocos trabajadores, en las que el margen de beneficios es reducido es, hasta cierto punto, comprensible. Sin embargo, cuando se trata de grandes empresas (el Ayuntamiento podría asimilarse una de ellas en cuanto a número de trabajadores) parece que es la táctica común, antes de reducir su margen de beneficios y proteger, de esta forma, uno de sus bienes que deberían ser de los más preciados: el capital humano. Sin embargo, el Ayuntamiento no es una empresa y su principal recurso, su principal valor, es ese capital humano que hace funcionar los servicios básicos al ciudadano. Si se despiden a los trabajadores, pasan dos cosas. La primera es que se produce una merma en los servicios que recibe el ciudadano y éste tiene que buscarlos en el área privada, generalmente más caros para el ciudadano. Esta es una tendencia típica de las políticas conservadoras (que algunos llaman neoconservadoras, liberales o neoliberales), el desmantelamiento de los servicios básicos a pesar de que crearlos ha costado mucho dinero público, mucho esfuerzo y, en más de una ocasión, mucha sangre de personas que han luchado para conseguir este estado de derecho, de bienestar y de libertades.

Además, muchos de esos despidos suponen un atropello a los derechos de los trabajadores. Algunos, perderán su antigüedad en su puesto de trabajo si se les dejan varios meses en el paro con la promesa de volverlos a contratar, o de hacer rotación (esto ya lo hicieron en la anterior legislatura). Otros, con muchos años de servicio a sus espaldas, ven como sus derechos laborales son pisoteados porque, hasta la reciente reforma laboral, ya deberían haber sido fijos por el anterior gobierno socialista. Una vez se les notifique el despido, los tribunales se encargarán de denominarlos “improcedentes” o, según el caso, “nulos”. Cuando llegue el momento, el gobierno municipal tendrá que elegir entre la indemnización o la readmisión. En otros casos, la decisión sólo competerá al juez. Por tanto, estamos delante de un problema de planificación de los recursos humanos y económicos municipales, porque no parece probable que en unos meses la “cosa” mejore. Dentro de unos meses (6, 10, 14…) se resolverán las demandas y habrá que ejecutarlas. Si no se tiene dinero para indemnizar, habrá que readmitir. Y además, cabreados con toda la razón. A mí me parece imprudente por el desperdicio tanto del factor humano como del económico, pero es mi opinión…

Todo esto ocurre además bajo la batuta de un gobierno de izquierdas. Porque IP no es sólo IU, hay que recordar que IP procede del Partido de los Trabajadores de España, antes de la incorporación de éste al PSOE. Que a su vez procede del Partido Comunista de España. Es decir, lo que muchos (entre los que me encuentro) pueden considerar la esencia de la defensa de los derechos básicos de los trabajadores. Por eso, esta circunstancia extraña aún más. Y resulta aún más chocante si alguien ha escuchado alguna vez algún discurso de Juan Valle, el padre del actual alcalde. Yo recuerdo uno. Tuvo que ser en el verano de 1986 o de 1987, no lo recuerdo con exactitud (Manuel Begines Sánchez, actual concejal de urbanismo, estaba trabajando en una de las cuadrillas que allí estaban, a lo mejor ese dato sirve para aclarar la fecha). Como era habitual, aprovechaba el descanso en los estudios durante la época estival para trabajar en la construcción con mi padre; había que ayudar en casa. Esta vez estábamos en una ampliación de Marismillas, un poblado de colonización pedanía de Las Cabezas de San Juan. Hubo un problema laboral, que no recuerdo cuál (que con esa edad uno estaba en otras cosas) cuando el sindicato (CCOO) convocó a los trabajadores a la huelga. Se me quedó grabada en mi mente la fuerza, el énfasis, el vigor que este hombre ponía en los argumentos en defensa de los derechos de los trabajadores. Por eso, no entiendo a sus presuntos “herederos”, no comprendo cómo se puede renunciar de esta manera tan taimada a unos principios.

Veamos el problema:
1º. No hay dinero. Vale, es comprensible. Si no hay dinero, es difícil mantener las nóminas.
2º. ¿Es posible sostener a un Ayuntamiento de las dimensiones actuales con los pobres ingresos que se tienen y las deudas que se arrastran? Parece que no. Al menos, de una manera tradicional.
3º. Por tanto ¿la única solución del problema es echar a los trabajadores? El actual equipo de gobierno, (mal) asesorado por la Diputación de Sevilla, ha decidido que sí y actúa en consecuencia. Sin embargo, pienso que puede que se equivoquen.

El anterior postulante a alcalde perdió las elecciones, entre otras razones, porque quiso creer que la gente es tonta. No quiso ver que un pueblo no se maneja por medio de una reducida camarilla al servicio del líder. Pocas ideas y encima con un alto componente endógamo, que en tiempos estables puede servir para salir del paso, pero que en épocas difíciles no valen: hace falta valentía, imaginación, conocimientos y capacidad para aplicarlos.

Sin embargo, ideas nuevas y su puesta en marcha es lo único que nos va a salvar de la actual situación. Las recetas clásicas, visto lo visto, no valen de mucho. Ya se sabe, un economista es alguien que te explica hoy las razones por las que se equivocó ayer. El Ayuntamiento está asfixiado por deudas, sin dinero para pagar a sus trabajadores, acosado por acreedores… La situación es difícil, pero quizás haya una salida.

Tengo una propuesta. Me gustaría que se evaluase. Igual es una chorrada, pero ¿y si no? En un pueblo de más de 37 mil habitantes, hay gente de todo tipo: unas más listas, otras menos; otras más hábiles, otras menos… ¿Por qué no se solicitan ideas para solucionar la actual situación? Habría que idear una fórmula de participación que permitiese que la gente, con independencia de su facilidad para expresarse, pudiese exponerlas. Ideas que permitiesen a este Ayuntamiento ahorrar dinero, conseguir más, fórmulas que implicasen al ciudadano en la gestión municipal a la vez que ayuden a salir de esta situación no sólo al Ayuntamiento, quién sabe, a lo mejor a mejorar a muchas otras familias. No se trata de ceder poder, que esto a un político le da escalofríos, sino recibir, evaluar y aplicar las ideas que se consideren interesantes.

Empezaría por los trabajadores públicos. Son, con diferencia, los que mejor conocen las entrañas de la administración y en muchos casos qué “teclas” humanas y materiales hay que tocar para que el funcionamiento sea más eficiente. Por eficiente me refiero a que un mismo esfuerzo genere un trabajo mejor con menos esfuerzo y/o gasto de recursos. Pienso que se deberían evitar los despidos en la medida de lo posible. En segundo lugar, evitar o revertir en la medida de lo posible los cambios de puesto de trabajo incomprensibles porque, en muchos casos, la nueva situación relega a un puesto de nula relevancia intelectual u organizativa a personas con un profundo conocimiento de su trabajo. Esta pésima gestión de recursos humanos se asemeja mucho más a castigos y purgas internas (ya se sabe, en todos lados cuecen habas y en el ayuntamiento hay rencores profundos que renacen y se expresan en épocas de cambio… si los dejan, claro) que a una reordenación racional de los recursos. Es necesario potenciar las sinergias entre los empleados y los nuevos gobernantes, no lo contrario.

En este pueblo conozco a gente muy lista. Muchas de ellas sin estudios o con los primarios, pero más despiertas que el mejor licenciado. Permitir que estas personas se acercaran a la gestión municipal aportando ideas o procesos podría generar en planteamientos más racionales en la gestión de los recursos públicos y, tal vez, ahorro de cantidades de dinero que no se poseen. A veces las cosas se hacen de una manera porque “siempre se ha hecho así”. Tan sólo cuando lo miras desde otro punto de vista o con otros ojos te das cuenta que, tal vez, se puede hacer de otra forma. Son muchas las cosas, trabajos, procedimientos y gestión de personal que se podrían hacer de otra forma y que contribuiría al ahorro de recursos y de dinero.

¿Sería interesante? A mí me parece que sí.