Archivo mensual: diciembre 2011

El nuevo gobierno: primeras decepciones.

De Naniano Rajoy no hay mucho que decir. Vamos, igual que él. No sólo no habla antes de las elecciones, ¿para cagarla?, y para colmo tampoco contesta preguntas en rueda de prensa. Algunos, tanto patrios como extrangeros, siguen pensando que su mierda no huele. Dicen que ha cargado de poderes a Soraya. Normal, para hacer algo hay que tener iniciativa, área donde se ha mostrado poco hábil. Menos mal que, por lo menos, hará una política como dios manda. Ahora habrá que enterarse qué dios, porque nunca se sabe si está pensando en un dios durmiente tipo Eru, mandando a los Ainur a arreglar el mundo, o algo más activo del tipo judeocristiano. Lo único que cambia en ambos casos es el vector sanguinario.

  • Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García Margallo. Ni idea, se va a beneficiar por cojones del beneficio de la duda, valga la redundancia.
  • Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. Vaya putada les ha hecho a los madrileños al encasquetarles a la Botella por t’ol morro. Dicen los madrileños que no la quieren, por lo que es de augurar que pierda las próximas elecciones. O no, que diría Naniano.
  • Ministro de Defensa, Pedro Morenés Eulate. En su defensa, decir que tiene experiencia en la materia. Por eso, quizás, está relacionado con empresas de construcción naval y de fabricación de misiles. Sí, al contrario que los barcos, a los misiles no les conozco aplicación civil alguna. ¿Esto no genera incompatibilidades?
  • Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro Romero. A este señor ya lo conocemos de la época en la que dirigió los recortes durante la hégira aznariana. Así que no hay otra cosa que esperar de él. Sí para ser presidente con tener el graduado basta, para ser ministro tampoco hace falta mucho más.
  • Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Dicen que dice que no va a permitir ocupaciones de la vía pública, en un guiño a la rancia caverna que se queja de los perroflautas del 15M y resto de fauna, lo que demuestra que para ser ministro tampoco hay que ser inteligente. Dicen que tiene un gran sentido del humor, pero no sé si será suficiente.
  • Ministra de Fomento, Ana Pastor Julián. A mí, esta señora me cae simpática, pero no sé por qué. Además, en su haber está el crear la agencia de seguridad alimentaria, de los pocos organismos que funcionan bastante bien. El “debe” se me ha olvidado.
  • Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert Ortega. Ni idea, pero viendo su perfil no entiendo qué pinta este señor aquí. Aunque, pensándolo mejor, tampoco sé qué pintaba la Sinde, así que es posible que, incluso, sea capaz de hacerlo mejor. Pero mejor que Gabilondo lo dudo seriamente, no parece tener la profundidad ni la inteligencia de éste.
  • Ministra de Empleo y Seguridad Social, María Fátima Bañez García. Hablan bien de ella porque es andaluza (claro, hablan bien los andaluces). Su mérito es ser la mano derecha de Soraya, y no entiendo bien lo que significa. Ya veremos, pero su encargo de reducir las listas del paro sólo lo veo posible borrándolos de ella y negándoles la asistencia. Bueno, también podría ocurrir que la gente empezara a encontrar trabajo, aunque esto tradicionalmente nunca ha sido mérito de la acción de este ministerio. Seguramente pronto nos la encontramos hablando de reforma laboral, que es o que se ponen a hacer cuando no se sabe qué hacer. O sí, cuando se prentende que volvamos al tiempo en el que éramos esclavos y no teníams casi derechos (entiéndase el “casi” como licencia poética).
  • Ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria. No lo conozco, pero parecen rondarle varios casos de corrupción, parece el doble de Aznar en todos los sentidos (es más alto). Se supone que si lo han nombrado ministro es que están seguros de su inocencia. O que tienen a la brigada de Trillo detrás mareando a jueces (véase el caso de Camps) y tapando bocas con demandas (véase el caso de Garzón).
  • Ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete. En el pasado tuvo que lidiar con el “mal de las vacas locas” y no lo hizo del todo mal. A excepción del control de los animales muertos en el campo donde no supo/pudo presionar lo suficiente en Europa para evitar esa aberración. Seguimos sin ministerio de medio ambiente, lo que indica a las claras que si a los de antes el medio ambiente les importaba tanto como un pepino (sin salmonela), a estos les importa lo mismo o menos. De hecho, se criticó mucho el que no tuviéramos un ministro de agricultura. Ahora sí lo tenemos. Pero ¿y de medio ambiente? Eso da igual…
  • Vicepresidenta del Gobierno y Portavoz y Ministra de la Presidencia, Soraya Sáenz de Santamaría Antón. Desconfío de cualquier persona que durante mucho tiempo ha vituperado a diestra y siniestra del gobierno de turno y, cuando entra en él, se muestra simpática y sosegada demandando a todos “lealtad institucional”. Este tipo de personas me parecen hipócritas y no me gustan.
  • Ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos Jurado. Le achacan su pasado en Lehman Brothers para echarle mierda encima. Seguramente, su historia tendrá al respecto. Asume también las competencias del antiguo ministerio de ciencia. Al igual que con medio ambiente, nos quitan otro ministro que se ocupe de relanzar y profundizar los aspectos del mal llamado I+D que nos puede sacar del pozo donde nos encontramos. Es que no es I+D, es investigación en general. Cualquier país que se precie debe dotar de recursos suficientes a personas brillantes que sean capaces de hacer avanzar el conocimiento que, está de sobra demostrado, lleva al progreso social y económico de una sociedad. El PSOE de manera ladina aumentó los presupuestos al poco de entrar, bajándolos más tarde. A los conservadores (PPSOE) siempre les ha interesado más la pandereta y la sotana que el progreso. Seguiremos con el lastre herencia del franquismo. Y no, no me refiero al rey.
  • Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato Adrover. Es la que decía que los niños andaluces no tenían ni sillas para sentarse. Una demagogia de ese calibre la inhabilita para cualquier tipo de cargo, en mi opinión, porque una persona no puede esparcir mierda de esa forma y quedarse tan agusto en un ministerio. Pero claro, si lo que se pretende es privatizar la sanidad, tampoco hace falta poner al frente a nadie con una catadura moral elevada. Con que sepa mentir sin remordimientos es suficiente.

En resumen, este es el gobierno que pretende sacarnos de la crisis. Ojalá, porque la gente empieza a estar muy harta. Lo que pasa es que si la gente está harta de pagar la crisis y este gobierno empieza a hacer lo que se espera de él (vamos, lo que ya hace en otras CCAA) la gente se va a cabrear aún más. Claro, para eso van a evitar que la gente ocupe las calles. Lo que provocará aún más cabreo. Vamos, lo que se dice una política inteligente.

Además, el aparente “buen rollito” con los salientes me mosquea. No es que me parezca mal, al contrario. Pero después de dos legislaturas (casi ocho años) tensionando, maldiciendo, desprestigiando, zancadilleando, vituperando y mintiendo, resulta chocante. Claro, ahora que están en el poder, habrá que cambiar el “chip” y mostrarse “amigables” Me gustan las personas que tiene una sola cara, este tipo de personas enmierdan la política y envilecen la vocación de servicio a la sociedad, lo que debiera de ser, y la transforman en el servicio de la sociedad a sus propios intereses. Eso ya lo hemos conocido en este pueblo en el pasado.

Espero que, al menos, hagan bien el trabajo para el que se les ha elegido.

Gana el PP y ¿se cabrean? No entiendo a estos romanos…

Tras las elecciones generales del pasado 20 de noviembre de 2011 y repartir las oportunas felicitaciones, se me ocurrió comentar que el PP ganaba las elecciones cuando la gente de izquierdas no votaba al PSOE, es decir, por demérito del PSOE. Sinceramente, no fue una actitud provocadora por mi parte porque asumía que todo el mundo conocía esa realidad, que el PP gana si el electorado de izquierda o centro-izquierda (mayoría por ahora) no se movilizaba. De hecho, la campaña electoral ha discurrido en esa tónica, no se han puesto de manifiesto ni el programa ni los planes de recortes, salvo pinceladas muy generales y alguna media mentira, procurando magnificar el “demérito” del contrincante antes que las propuestas propias (que todos asumimos que serán duras) como una fórmula para evitar dicha movilización. Esto es algo ya sabido por el propio PP, puesto que fue el propio Rajoy el encargado de dirigir la campaña en el año 2000 que llevó a dicho partido a la mayoría absoluta.

Sin embargo, me sorprendieron reacciones demasiado (a mi entender) exageradas, con medios insultos, adhesiones vehementes a la tesis contraria y la negativa a aceptar lo que sólo con los datos brutos en la mano ya resultaba evidente. Daba la sensación de que se defendían frente a un supuesto ataque deslegitimador, como si aceptar las cosas como son fuese algo perverso o redujera su valor. Es como si un propietario de un Ferrari se mosqueara si se le habla de cómo funcionan los motores de combustión interna. He de reconocer que me ha desconcertado la magnitud de la sinrazón, de la retórica sectaria y del amor por la ignorancia que han demostrado algunos.

Es absurdo recalcarlo, pero es más que evidente que la victoria del PP no sólo fue legítima, sino además histórica atendiendo a la magnitud de la mayoría conseguida, gracias a que sus militantes hicieron un buen trabajo en campaña siguiendo los dictámenes de su partido. Sin decir nada sobre su programa, salvo generalidades, y cargando sobre el PSOE.

Esto ha hecho que escriba este articulillo con el fin de demostrar con datos lo evidente. Para que se puedan comprobar las afirmaciones (o desmentirlas), he expuesto paso por paso la localización de los datos, lo cálculos realizados y el método seguido. De esta manera, cualquiera que tenga un mínimo interés en saber la realidad podrá repetir mis cálculos y determinar si estoy en lo cierto o me equivoco (que también es posible). Quien quiera la hoja de cálculo, que la pida.

Los datos.

En la página del Ministerio del Interior existe gran cantidad de información sobre elecciones pasadas de todo tipo. He ido a Resultados electorales y, una vez allí, me he metido en el Área de descargas. Allí están localizados los archivos comprimidos (en formato ZIP) con los datos brutos, por municipio, de todas las elecciones celebradas hasta la fecha en ficheros en formato XSLX (es el nuevo formato de MSExcel, pero las últimas versiones de OpenOffice y LibreOffice lo abren sin problemas).

Una vez descargados y descomprimidos los archivos, he utilizado la hoja de cálculo de LibreOffice  (versión 3.4.4), con la que he sumado el número total de votos por partido, obteniendo la siguiente tabla. Es posible obtener los mismos datos en la misma web con menos esfuerzo y ya elaborados, pero he preferido tratar con datos brutos.

Tabla resumen elecciones.

Hay que tener en cuenta que el Partido Popular no existía como tal en las primeras elecciones. Los datos que aparecen en la tabla antes de 1989 provienen de la suma de los votos de la extinta UCD con los de Alianza Popular, sin contar con la pléyade de partidos de derecha que en los primeros años de la democracia no se habían integrado en la federación. Es decir, se asume (sin demasiado coste para la precisión de lo que se persigue exponer) que el votante de centro-derecha que votó a la UDC o a AP votó al PP en las siguientes elecciones a partir de 1989. Es posible que el resultado del análisis hubiera sido más preciso si se hacen los cálculos por circunscripción. Pero con esto sólo se pretende hacer una aproximación.

Con estos datos se ha elaborado la siguiente tabla, donde se expone la variación en el número de votos obtenidos por cada partido con relación a los comicios inmediatamente anteriores entre dos elecciones dadas. Es decir, el número de votos recibidos en las elecciones en curso menos los obtenidos en la anterior. Así mismo, se obtiene la variación en número de personas que votan en cada elección y la de la abstención.

Análisis comparado de la variación de los votos entre elecciones.

La última columna es un índice creado al efecto para agrupar las últimas dos columnas en una sola. Hay que tener en cuenta que el número de votantes y de abstenciones son dos variables (en principio) independientes, pero su relación puede mostrar interesantes conclusiones. Es necesario explicarlo más porque en él se centra buena parte de la carga de la prueba.

El índice Δ_VOT-Δ_ABS es la diferencia entre la variación del número de votantes (Δ_VOT) y la variación del número de personas que se abstienen (Δ_ABS). ¿Qué significado tienen los valores del índice? Cuando el número de votantes en unas elecciones aumenta, el de abstenciones disminuye y el índice toma valores positivos. Cuando el índice presenta valores negativos ocurre que la abstención aumenta mientras que el número de votantes disminuye (lógico también). Pueden darse casos en que los votantes aumenten cuando aumenta la abstención y viceversa, en cuyo caso los valores son menos extremos y se dan con menos frecuencia. Al menos, en la muestra considerada.

A partir de esta tabla se construye una gráfica donde se muestra la variación de votos en el eje Y, mientras que en el eje X se representa el intervalo de elecciones considerado. Los valores positivos para ambos partidos indican un aumento en el número de votos conseguidos respecto a las anteriores elecciones, mientras que son negativos si lo que se produce es una disminución de los mismos. En dicha gráfica se muestra en color rojo los resultados del PSOE, en azul los del PP, en naranja el índice Δ_VOT-Δ_ABS y en gris claro y con línea discontinua los valores de la variación de votantes y de abstenciones (el color suave de estas líneas es a propósito, para evitar abigarrar en demasía la gráfica pero para mostrar su influencia en el índice considerado).

Gráfica de la evolución comparada de los resultados electorales.

Discusión.

Lo primero que se observa en la gráfica es que el comportamiento de los votantes del PSOE es mucho más variable que los del PP, mostrando mucha más amplitud en comparación con el segundo. Eso puede interpretarse como un mayor grado de fidelidad y disciplina de los votantes del PP frente a, quizás, un sentido más crítico con la gestión o la ideología de los votantes del PSOE. Aunque esta interpretación última es personal y sujeta a la crítica que se considere oportuna.

Si se analiza la segunda tabla, no se puede apreciar un trasvase claro de votos entre ambas formaciones. De hecho, cuando el PP gana las elecciones de 1996 su aumento de votos parece venir de la incorporación de nuevos votantes en vez de transferencia de votos desde el PSOE, que también aumenta en número de votantes (aunque en menor proporción). De hecho, la mayoría absoluta del PP en el año 2000 se produce con un nuevo aumento de votos a esa formación, pero con un importante descenso de los votos al PSOE, acompañado de un descenso del número de votantes y un incremento de la abstención.

En el año 2004, el PSOE gana las elecciones con poco más de un millón y medio más de los votos que tenía cuando perdió en 1996. Sin embargo, el PP conserva prácticamente los mismos votos, no desciende en la misma proporción. Pero se produce un aumento de la participación y un descenso de la abstención que dan ese aumento en el número total de votos al PSOE. La clave en este fenómeno está en el comportamiento del incremento de votantes y de la abstención. En las pasadas elecciones generales de 2011 se puede apreciar que el PP se encuentra dentro de su intervalo habitual de número de votos. Pero resulta llamativo el descenso brusco de votos del PSOE y, en aparente correspondencia, la disminución de número de votantes y el aumento de la abstención.

A excepción de las elecciones del año 1986 (en ellas el PP en realidad aún no existía como tal y concurren otras circunstancias que no vienen al caso), el índice Δ_VOT-Δ_ABS presenta valores muy negativos, es decir, descenso del número de votantes e incremento de la abstención, coincidiendo con las victorias del PP. En cambio, presenta valores muy positivos cuando es el PSOE el que gana las elecciones, es decir, cuando la abstención se reduce y el número de votantes aumenta. Resultan evidente en las victorias populares de 2000 y 2011, así como en las victorias socialistas de 1982, 1993 y 2004.

Conclusión.

De estas gráficas pueden extraerse diversas conclusiones pero, en mi opinión, los datos evidencian que los votantes del PSOE (izquierda y centro-izquierda) son mayoría frente al los del PP (derecha y centro-derecha). Si los primeros no votan, o votan a otras opciones, el PSOE pierde las elecciones. Por el contrario, el PP tiene un electorado muy fiel que suele votar con independencia de la gestión de sus líderes. Por tanto, el PP gana gracias a la fidelidad de sus votantes y por demérito del contrincante.

Lo importante de este pequeño análisis no es quién gane las elecciones, sino saber el porqué de las cosas sin que ello suponga ningún tipo de deshonra, vergüenza o mancha. Las cosas son lo que son, guste o no guste.