Archivo mensual: julio 2013

Hoy es dos de julio.

Hoy es el cumpleaños de mi padre. Murió el año pasado, el 24 de mayo en el Hospital de Valme, de algo que fue a peor de las mil cosas que tenía.

No sé qué les pasará a los demás, pero a mí me resulta curioso cómo descubres poco a poco las cosas que sabes porque alguien te las enseñó. Mi padre, a pesar de su carácter algo tosco y cada vez más huraño, me descubrió cosas que ahora sé que conozco gracias a él. Tanto las que me han servido para hacer las cosas mejor como los errores.

Pero no deja de extrañarme que su ausencia me revele cada día cosas nuevas. Comenzaron en el mismo tanatorio, donde empecé a conocer de verdad a los buenos amigos y el calor de su compañía, las charlas (a menudo divertidas) sobre los más variados temas, los consejos, los procedimientos administrativos vinculados a la muerte e, incluso, a identificar la mezquindad de algún politicucho de medio pelo que me negó el pésame porque dos días antes había publicado algo por aquí que, sin duda, le había molestado.

A menudo me he encontrado preguntándome qué pensaría él de un determinado problema o algún asunto que tenía entre manos. Imagino que será un recurso psicológico, pero ese ejercicio me ha ayudado a tomar una decisión o a entrever el camino o procedimiento a seguir. Si fuese uno de esos espiritualistas que se autoengañan, algún descerebrado seguidor de Coelho o de algún posmodernista similar, tendería a pensar que mi padre forma parte de mí y que su voz, mezclada con mis genes (o mi espíritu, tanto da), me habla cuando mi corazón se abre a la credulidad. Pues no.

El proceso debe ser otro distinto. Lo quieras o no son años de convivencia que, quizás de manera inconsciente, van dejando una semilla en ti que condiciona tu carácter, tu forma de pensar. Es el machacón repetir de una idea hasta que la haces sin pensar, un determinado modelo de comportamiento aprendido que ejecutas al estilo autómata, una serie de protocolos de conducta incrustadas dentro de tu mente y que los tratas como propios. Pero también algo tan simple como ignorar profundamente quién fue mi padre y tomar una imagen idealizada, que no es otro que yo mismo, para reflexionar sobre los problemas cotidianos. Porque una de las cosas que más echo de menos de él es que siento que no lo conocí lo suficiente. Y ese pensamiento me entristece.

Feliz cumpleaños, papá.