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Albert Einstein lo justifica todo.

Estas imágenes, junto con la lapidaria cita de Albert Einstein, corre de manera viral por la red resaltando, por algunos, lo malo de la tecnología.
Es una lástima que dicha frase jamás fue dicha por el propio Einstein. Es más, hace poco me topé con un blog que contaba algo muy interesante: que la mayoría de las citas de Einstein eran constructos para quitarse a un periodista latoso del medio. Si esto es así, y por lo que he podido comprobar en sitios donde aparece la cita junto con su fuente, es aún más risible el hecho de que se

Cita falsa de Einstein

Cita falsa de Einstein

intente dar verosimilitud a un prejuicio mediante una cita del que todo el mundo ha oído hablar, pero del que la mayoría no ha leído ni una sola frase original.

De todas formas, esto iba de las fotos y de un prejuicio, el que condena la tecnología como elemento alienante o, en su defecto, como algo deshumanizador. No digo que no lo sea en determinadas circunstancias, pero conviene analizar las fotografías. Puede que me equivoque, pro cuando vemos una fotografía interpretamos el contexto. Si conocemos a la gente que sale, el lugar o las circunstancias que rodea a la instantánea, puede resultar fácil no equivocarse. Aún así, lo que se representa es un momento, un instante perpetuamente congelado, un único fotograma de una película de la que no conocemos el inicio, el nudo ni el desenlace.

Voy a jugar. Dado que desconozco la película, puedo interpretar qué ocurre. En la primera foto aparecen una serie de jóvenes que, tomando café, parecen ensimismadas en sus dispositivos móviles. A mí se me antoja que en la charla, alguna de ellas ha podido plantear alguna duda y, entre todas, están usando el acceso a internet de los mismos para resolverla. Al final, puede que con la resolución de la duda hayan depositado sus teléfonos en la mesa y continuado la charla. O puede haber derivado en otras búsquedas y en otras temas de conversación relacionados.

En la segunda foto la gente aparece con cara divertida. Pienso que están en un grupo de chat (ya sea a través de “WhatsApp” o de otro servicio de mensajería) y comentan entre ellos mismos y entre otros ausentes los preliminares del inicio de la velada (los platos están vacíos y limpios, los vasos intactos y en su sitio, señal de que la comida aún no ha empezado) y que dejarán algo más tarde de lado los teléfonos en cuento empiecen a llegar el condumio.

La tercera fotografía muestra a tres mujeres en un museo, sentadas. Puede que tras un paseo por éste, hayan decidido darse un respiro para tomar fuerzas. Una de ellas puede estar consultando algo sobre lo que ha visto: la fecha de un cuadro, la vida de su autor… Otra puede estar contando en alguna red social dónde está. La tercera, quizás más cansada, mira distraída bien pensando si mandar un mensaje a alguien del que se está acordando, bien habiendo consultado algo y pensando en ello con la mirada perdida en la lejanía.

El resto son posibles variaciones de esto. Pero, en todo caso, todo esto viene de un prejuicio, del planteamiento que en una reunión hay que hablar con los presentes y mirarse a los ojos mientras unos nos contamos cosas a los otros. Pero, por lo visto, algunos no parecen entender que la tecnología puede permitir ampliar el número de contertulios en una reunión sin que estos se encuentren físicamente presentes. En ocasiones, a muchos kilómetros de la reunión. Lo que estas personas no ven, lo que cualquiera vería seguramente si la película estuviese completa, es que estos usuarios levantan la cabeza con frecuencias, hablan entre los presentes, se ríen e intercambian risas y frases tanto con los que tienen codo con codo, como con los que se encuentran en la distancia.

Es decir, en este caso, el prejuicio no permite observar que en vez de alienar, la tecnología está favoreciendo la reunión de un grupo que, quizás, se encuentre disperso, favorece que la gente se socialice. ¿Que nos gusta más mirar a los ojos, tocar la mano del contertulio para reafirmar nuestra presencia o simplemente escuchar su risa en directo? Pues sí, estoy de acuerdo. Pero no por eso es necesario demonizar algo que, en la mayoría de las veces que se critica, ni se usa ni se conoce. Como todos los prejuicios, éste nace de la ignorancia o de una inadecuada comprensión de la realidad.

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