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Gana el PP y ¿se cabrean? No entiendo a estos romanos…

Tras las elecciones generales del pasado 20 de noviembre de 2011 y repartir las oportunas felicitaciones, se me ocurrió comentar que el PP ganaba las elecciones cuando la gente de izquierdas no votaba al PSOE, es decir, por demérito del PSOE. Sinceramente, no fue una actitud provocadora por mi parte porque asumía que todo el mundo conocía esa realidad, que el PP gana si el electorado de izquierda o centro-izquierda (mayoría por ahora) no se movilizaba. De hecho, la campaña electoral ha discurrido en esa tónica, no se han puesto de manifiesto ni el programa ni los planes de recortes, salvo pinceladas muy generales y alguna media mentira, procurando magnificar el “demérito” del contrincante antes que las propuestas propias (que todos asumimos que serán duras) como una fórmula para evitar dicha movilización. Esto es algo ya sabido por el propio PP, puesto que fue el propio Rajoy el encargado de dirigir la campaña en el año 2000 que llevó a dicho partido a la mayoría absoluta.

Sin embargo, me sorprendieron reacciones demasiado (a mi entender) exageradas, con medios insultos, adhesiones vehementes a la tesis contraria y la negativa a aceptar lo que sólo con los datos brutos en la mano ya resultaba evidente. Daba la sensación de que se defendían frente a un supuesto ataque deslegitimador, como si aceptar las cosas como son fuese algo perverso o redujera su valor. Es como si un propietario de un Ferrari se mosqueara si se le habla de cómo funcionan los motores de combustión interna. He de reconocer que me ha desconcertado la magnitud de la sinrazón, de la retórica sectaria y del amor por la ignorancia que han demostrado algunos.

Es absurdo recalcarlo, pero es más que evidente que la victoria del PP no sólo fue legítima, sino además histórica atendiendo a la magnitud de la mayoría conseguida, gracias a que sus militantes hicieron un buen trabajo en campaña siguiendo los dictámenes de su partido. Sin decir nada sobre su programa, salvo generalidades, y cargando sobre el PSOE.

Esto ha hecho que escriba este articulillo con el fin de demostrar con datos lo evidente. Para que se puedan comprobar las afirmaciones (o desmentirlas), he expuesto paso por paso la localización de los datos, lo cálculos realizados y el método seguido. De esta manera, cualquiera que tenga un mínimo interés en saber la realidad podrá repetir mis cálculos y determinar si estoy en lo cierto o me equivoco (que también es posible). Quien quiera la hoja de cálculo, que la pida.

Los datos.

En la página del Ministerio del Interior existe gran cantidad de información sobre elecciones pasadas de todo tipo. He ido a Resultados electorales y, una vez allí, me he metido en el Área de descargas. Allí están localizados los archivos comprimidos (en formato ZIP) con los datos brutos, por municipio, de todas las elecciones celebradas hasta la fecha en ficheros en formato XSLX (es el nuevo formato de MSExcel, pero las últimas versiones de OpenOffice y LibreOffice lo abren sin problemas).

Una vez descargados y descomprimidos los archivos, he utilizado la hoja de cálculo de LibreOffice  (versión 3.4.4), con la que he sumado el número total de votos por partido, obteniendo la siguiente tabla. Es posible obtener los mismos datos en la misma web con menos esfuerzo y ya elaborados, pero he preferido tratar con datos brutos.

Tabla resumen elecciones.

Hay que tener en cuenta que el Partido Popular no existía como tal en las primeras elecciones. Los datos que aparecen en la tabla antes de 1989 provienen de la suma de los votos de la extinta UCD con los de Alianza Popular, sin contar con la pléyade de partidos de derecha que en los primeros años de la democracia no se habían integrado en la federación. Es decir, se asume (sin demasiado coste para la precisión de lo que se persigue exponer) que el votante de centro-derecha que votó a la UDC o a AP votó al PP en las siguientes elecciones a partir de 1989. Es posible que el resultado del análisis hubiera sido más preciso si se hacen los cálculos por circunscripción. Pero con esto sólo se pretende hacer una aproximación.

Con estos datos se ha elaborado la siguiente tabla, donde se expone la variación en el número de votos obtenidos por cada partido con relación a los comicios inmediatamente anteriores entre dos elecciones dadas. Es decir, el número de votos recibidos en las elecciones en curso menos los obtenidos en la anterior. Así mismo, se obtiene la variación en número de personas que votan en cada elección y la de la abstención.

Análisis comparado de la variación de los votos entre elecciones.

La última columna es un índice creado al efecto para agrupar las últimas dos columnas en una sola. Hay que tener en cuenta que el número de votantes y de abstenciones son dos variables (en principio) independientes, pero su relación puede mostrar interesantes conclusiones. Es necesario explicarlo más porque en él se centra buena parte de la carga de la prueba.

El índice Δ_VOT-Δ_ABS es la diferencia entre la variación del número de votantes (Δ_VOT) y la variación del número de personas que se abstienen (Δ_ABS). ¿Qué significado tienen los valores del índice? Cuando el número de votantes en unas elecciones aumenta, el de abstenciones disminuye y el índice toma valores positivos. Cuando el índice presenta valores negativos ocurre que la abstención aumenta mientras que el número de votantes disminuye (lógico también). Pueden darse casos en que los votantes aumenten cuando aumenta la abstención y viceversa, en cuyo caso los valores son menos extremos y se dan con menos frecuencia. Al menos, en la muestra considerada.

A partir de esta tabla se construye una gráfica donde se muestra la variación de votos en el eje Y, mientras que en el eje X se representa el intervalo de elecciones considerado. Los valores positivos para ambos partidos indican un aumento en el número de votos conseguidos respecto a las anteriores elecciones, mientras que son negativos si lo que se produce es una disminución de los mismos. En dicha gráfica se muestra en color rojo los resultados del PSOE, en azul los del PP, en naranja el índice Δ_VOT-Δ_ABS y en gris claro y con línea discontinua los valores de la variación de votantes y de abstenciones (el color suave de estas líneas es a propósito, para evitar abigarrar en demasía la gráfica pero para mostrar su influencia en el índice considerado).

Gráfica de la evolución comparada de los resultados electorales.

Discusión.

Lo primero que se observa en la gráfica es que el comportamiento de los votantes del PSOE es mucho más variable que los del PP, mostrando mucha más amplitud en comparación con el segundo. Eso puede interpretarse como un mayor grado de fidelidad y disciplina de los votantes del PP frente a, quizás, un sentido más crítico con la gestión o la ideología de los votantes del PSOE. Aunque esta interpretación última es personal y sujeta a la crítica que se considere oportuna.

Si se analiza la segunda tabla, no se puede apreciar un trasvase claro de votos entre ambas formaciones. De hecho, cuando el PP gana las elecciones de 1996 su aumento de votos parece venir de la incorporación de nuevos votantes en vez de transferencia de votos desde el PSOE, que también aumenta en número de votantes (aunque en menor proporción). De hecho, la mayoría absoluta del PP en el año 2000 se produce con un nuevo aumento de votos a esa formación, pero con un importante descenso de los votos al PSOE, acompañado de un descenso del número de votantes y un incremento de la abstención.

En el año 2004, el PSOE gana las elecciones con poco más de un millón y medio más de los votos que tenía cuando perdió en 1996. Sin embargo, el PP conserva prácticamente los mismos votos, no desciende en la misma proporción. Pero se produce un aumento de la participación y un descenso de la abstención que dan ese aumento en el número total de votos al PSOE. La clave en este fenómeno está en el comportamiento del incremento de votantes y de la abstención. En las pasadas elecciones generales de 2011 se puede apreciar que el PP se encuentra dentro de su intervalo habitual de número de votos. Pero resulta llamativo el descenso brusco de votos del PSOE y, en aparente correspondencia, la disminución de número de votantes y el aumento de la abstención.

A excepción de las elecciones del año 1986 (en ellas el PP en realidad aún no existía como tal y concurren otras circunstancias que no vienen al caso), el índice Δ_VOT-Δ_ABS presenta valores muy negativos, es decir, descenso del número de votantes e incremento de la abstención, coincidiendo con las victorias del PP. En cambio, presenta valores muy positivos cuando es el PSOE el que gana las elecciones, es decir, cuando la abstención se reduce y el número de votantes aumenta. Resultan evidente en las victorias populares de 2000 y 2011, así como en las victorias socialistas de 1982, 1993 y 2004.

Conclusión.

De estas gráficas pueden extraerse diversas conclusiones pero, en mi opinión, los datos evidencian que los votantes del PSOE (izquierda y centro-izquierda) son mayoría frente al los del PP (derecha y centro-derecha). Si los primeros no votan, o votan a otras opciones, el PSOE pierde las elecciones. Por el contrario, el PP tiene un electorado muy fiel que suele votar con independencia de la gestión de sus líderes. Por tanto, el PP gana gracias a la fidelidad de sus votantes y por demérito del contrincante.

Lo importante de este pequeño análisis no es quién gane las elecciones, sino saber el porqué de las cosas sin que ello suponga ningún tipo de deshonra, vergüenza o mancha. Las cosas son lo que son, guste o no guste.

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El voto aleatorio o al azar II. Algunos cálculos.

Tras la publicación de mi anterior artículo sobre el voto aleatorio, disfrutaba de las mieles de haber parido una idea perfectamente inútil que, además, aparecía de las primeras en el San Google cuando (siempre tiene que haber un “pero”) Jorge Javier Frías Perles me preguntó que sería interesante hacer un análisis sobre cuál es la posibilidad que tiene el voto al azar de influir en los resultados electorales y, por tanto, cuántos votantes se necesitarían para que fuese efectivo. Voy a reconocer que, al principio, me acojoné. Mis destreza matemática nunca ha brillado, salvo por su ausencia, y mis conocimientos sobre ésta y otras disciplinas útiles (como la estadística, por ejemplo) se encuentran tapadas por gruesas capas de otros conocimientos inútiles. Si además con tanto cálculo demostraba que la idea era posible ¡ya no sería una idea inútil! Pero empecé a hacerme un esquema del problema y…

Primero quiero enmendar un error. En el artículo anterior hice referencia a una lista de candidaturas proclamadas publicadas en el Boletín Oficial del Estado. Esta lista se puede encontrar en la web específica sobre elecciones del Ministerio del Interior, con la ventaja que no tiene las candidaturas que se presentaron y que no han sido proclamadas, simplificando el procedimiento.

Para empezar, como en el caso anterior, hay que tener en cuenta la provincia en la que se vota, dado que estamos eligiendo diputados por circunscripción provincial y todos los partidos no se presentan en todos sitios. Además, hay que considerar que la distribución de los diputados entre los distintos partidos políticos concurrentes se realiza mediante la aplicación de la Regla de D’Hont (lo siento, me niego a llamar a esto “ley”). Por último, hay que tener en cuenta que el artículo 163.1.a de la LOREG se establece que las candidaturas, en cada provincia, que reciban menos del 3% de los votos no entran en el reparto.

Como tengo mi bola de cristal en el taller, no puedo saber lo que va a pasar el día 20 de noviembre, pero sé lo que pasó en las pasadas elecciones de marzo de 2008. Aunque los partidos políticos que concurrieron a las mismas no coinciden al 100%, para el caso es lo mismo: lo que quiero hacer es jugar con los datos para ver en qué circunstancias el voto aleatorio puede tener alguna influencia. En las elecciones generales de 2008 el PSOE obtuvo 8 de los doce diputados por la provincia de Sevilla, mientras que el PP sólo 4. La siguiente fuerza más votada, IUVL-CA, hubiese necesitado más de veinte mil votos para conseguir arrebatarle el 6º diputado al PSOE (no porque sea el PSOE, sino como resultado de los cálculos de la regla de D’Hont).

Resultados de las elecciones de 2008 al Congreso en Sevilla. En rojo, los partidos que no lograron superar el 3% de los votos requeridos por la LOREG.

Para empezar, utilizaré la cuenta de la vieja o, lo que es lo mismo, el tanteo: voy a probar qué pasaría si reparto el 50% de los votos válidos de las elecciones de 2008. Voy a suponer que los dos partidos mayoritarios se reparten la mitad de los votos por igual, dejando el 50% restante al resto.

Resultado de las elecciones de 2008 si los partidos mayoritarios hubieran recibido el 50% de los votos válidos y los demás partidos el resto de votos.

Con los datos de las elecciones de 2008 para Sevilla, el resto de los partidos minoritarios no alcanzan el 3% perceptivo para entrar en el reparto, por lo que la totalidad de los votos van a parar a los dos partidos mayoritarios. Claro que he supuesto, además, que la distribución aleatoria es perfecta, de manera que todos los partidos minoritarios reciben exactamente la misma cantidad de votos. Sin embargo, en el mundo real, una distribución de datos aleatorios no es tan perfecta porque pueden concurrir diversos factores que introduzcan cierta cantidad de ruido a las distribuciones. Para introducir ruido a la distribución tomé este valor y le calculé el 10% (un porcentaje menor genera poco ruido y otro mayor lo diluye). En este caso, el 10% de 31.368 es aproximadamente 3.137. Si le resto y sumo dicho 10% al valor inicial, obtengo dos nuevos, 28.231 y 34.505. Es decir, un intervalo centrado en el valor medio o inicial. Utilizando una hoja de cálculo y la función aleatoria descrita en el artículo anterior obtendré valores aleatorios con cierto ruido pero dentro de unos límites asumibles para el experimento teórico que describo. A continuación aparecen dos tablas en las que se muestra que dicho ruido hace que muchas fuerzas políticas superen el 3% necesario para “entrar en el reparto”, pero tampoco obtienen ningun diputado, que se distribuye a partes iguales entre PSOE y PP. En rojo aparecen marcados los partidos que no superan el 3% y en verde los valores que proporcionan diputados a los partidos.

Resultado de las elecciones de 2008 si los partidos mayoritarios hubieran recibido el 50% de los votos válidos y los demás partidos el resto de votos, si que éste fuese una distribución aleatoria perfecta. En rojo, los partidos que no superan el 3%.

Distribución de los diputados según la regla de D’Hont para el caso anterior.En rojo, los partidos que no superan el 3%. En verde la distribución de los diputados.

Puede suponerse que otorgar a los partidos mayoritarios la misma cantidad de votos no es real y puede estar falseando los datos. Pues no. En 2008 el PSOE obtuvo casi el doble de vosots que el PP. Si para este caso invertimos la tendencia y, del 50% reservado, otorgamos el 60% al PP y el 40% al PSOE, manteniendo igual el resto, el resultado es que a pesar de todo se siguen repartiendo por igual los diputados, como puede verse en la siguiente tabla.

Similar al caso anterior, pero con los votos de los partidos mayoritarios distribuidos de manera que el PP hubiera recibido el 60% de los mismos y el PSOE el 40%.

Si el 50% de los electores de la provincia de Sevilla hubiesen votado al azar en 2008, no parece que hubiese ocurrido ningún cambio significativo. Sin embargo si tenemos en cuenta, como en el caso anterior, un mayor número de votos al PP que al PSOE pero que la suma de ambos no supere el 45%, entonces empiezan a pasar cosas: aparece el primer partido que aportaría un diputado diferente a los mayoritarios (nótese que el último de la fila -marcado de color celeste- tiene mayor número de votos, pero es un artificio creado para redondear la suma total y no se tiene en cuenta).

Resultado de las elecciones de 2008 si los partidos mayoritarios hubieran recibido el 45% de los votos válidos y los demás partidos el resto de votos de manera aleatoria con cierto márgen de variabilidad. En rojo, los partidos que no superan el 3%. En verde la distribución de los votos según la regla de D’Hont.

Distribución de los diputados según la regla de D’Hont para el caso anterior. En rojo, los partidos que no superan el 3%. En verde la distribución de los diputados .

Conforme reducimos el número de votantes a los partidos mayoritarios y se aumenta el número de votantes que lo hacen de manera aleatoria, aumentan los partidos minoritarios que consiguen diputados. Como en el caso anterior, si el voto aleatorio alcanza el 60% de los votos, entran dos partidos mayoritarios a escena. Y si lo hacemos más extremo y es el 75% de los votos, la diversidad de partidos políticos aumentaría de manera notable.

Resultado de las elecciones de 2008 si los partidos mayoritarios hubieran recibido el 25% de los votos válidos y los demás partidos el resto de votos de manera aleatoria con cierto márgen de variabilidad. En verde la distribución de los votos según la regla de D’Hont. En este caso, todos los partidos superan el corte del 3%.

Distribución de los diputados para el caso anterior.

En resumen, a modo de conclusión, este sistema de votación sólo puede moficar la normalidad bipartidista si un número de votantes superior al 50% de total ejerce el voto de manera aleatoria o al azar. Como parece poco probable que ningún partido político lo propugne, dado que podría ir contra sus intereses (o no, según se mire), la posibilidad de que este método se lleve a cabo es muy pequeña. Sólo si la idea arraiga en redes sociales, foros, etc., podría tener alguna influencia, lo que me lleva a la conclusión de que la probabilidad de que el voto al azar influya en el resultado electoral puede ser muy baja. Ignoro si en provincias diferentes, con número de votos y número de diputados diferentes los resultados serán coincidentes. En principio, parece evidente que a menor número de diputados elegibles, menor será la influencia de este sistema de votación. O, lo que es lo mismo, a menor número de diputados elegibles, mayor sería el porcentaje de votantes que deban ejercer el voto aleatorio para que éste sea significativo.

Estoy contento. Acabo de demostrar que mi idea es realmente inútil. Q.E.D.