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En el portal de Belén.

En la madrugada del pasado 25 de diciembre salió ardiendo el Portal de Belén que había en la plaza de mi pueblo.

Hay quien dice que pudo deberse a la interacción del fuerte viento, la humedad y algún mal contacto. El alcalde de mi pueblo, que ante una candela se crece como un Miura (a ver, no seáis hijosdeputa, lo digo en el sentido de bravura en las salidas), lo ha achacado a gamberros. Hay quien, conociendo el carácter filocomunista del actual gobierno, lo achaca al supuesto carácter ateo del mismo, ignorando que la mayoría de ellos, si no están casados por la iglesia, tienen a sus hijos bautizados por la misma. Sí, lo sé, es una contradicción muy grave, pero quien esté libre de ellas que tire el primer petardo. Incluso ha habido algún gilipollas que se ha permitido el lujo de hacer una broma meándose en los huesos de los muertos de la guerra civil que aún reposan bajo las cunetas de nuestras carreteras y caminos. Bueno, cada cual es libre de opinar, aunque cuando se haga se les vea que la democracia se les queda grande y prefieren fascistas sanguinarios que derrocan ilegítimamente el orden constitucional de gobiernos democráticos.

Aprovechando las vacaciones, he alentado a mis hijos a poner una pequeña piedra para aliviar el vacío calcinado y, recopilando material entre sus Playmobil, hemos compuesto lo que se representa en esta fotografía. El resultado es, como era de esperar, de mucha menor calidad que el construido por la asociación de belenistas de este pueblo, con los que comparto la afición por la recreación de escenas de ficción (aunque a mí me va más la sci-fi que el costumbrismo).

Portal de Belén hecho con Playmobil.

Portal de Belén hecho con Playmobil.

El ángel anunciador es un caballero del dragón; es lo único que encontramos con un mínimo parecido. Eso sí, los ascendientes del niño han sido representados para evitar problemas interespecíficos. El niño no tengo ni idea de dónde ha salido, pero por su tamaño y chalequillo bien podría ser Marty McFly que ha equivocado fecha y ha tenido que guardar el DeLorean tras el establo. Vaya usted a saber… María y José son, en realidad, Noé y la mujer de éste. Eso sí, hubo que elegir la silla de María entre entre una de estilo moderno o un trono egipcio, encontrándose este último más apropiado, así como algo de mobiliario para no dejar la escena muy desangelada. Como se puede observar, no hay ni buey ni mula, porque Ratzinger-Z dijo que de eso no hubo y por su posición debe saber lo que dice.

Los magos de oriente son un poco de batiburrillo. Un mago (de verdad) de un castillo de dragones (o así) que representa a Melchor portando una copa de oro. Al contrario de lo que marca la tradición, no es de barba blanca, pero es que todo no se puede tener. Gaspar es un saqueador de las tumbas de los egipcios, pero ha sido convenientemente modificado para reconvertirlo en un mago digno portando una jarra. Ya sé que la tradición dice portaba incienso, pero igual lo traía en polvo y entonces la jarra va bien. Baltasar se ajusta propiamente a la iconografía de Ben-Hur (este año no la han puesto en la tele, ¿qué pasa en este país?) aunque con el cambio de look parece que es un personaje descartado de los Village People. Porta un recipiente destinado a las vísceras de las momias que, si no se aprecia bien, tiene la cabeza del dios Horus (guiño guiño).

¿Puede haber portal de Belén sin pastores? ¡Claro que no! Pues ahí está, un pirata harto de vagabundear por los mares del Sur que invierte los beneficios del honrado (por nuestros políticos, banqueros y legión de economistas actuales) arte de la piratería y se compra unas ovejas. Pero ¡vaya por dios! aparecen los civiles del momento, fielmente representados por romanos (no tenía soldados herodianos, es lo que hay) pidiendo la autorización para pastar por esas tierras. Mientras el pastor protesta, el número espanta las ovejas que, hay que joderse, carecían del permiso reglamentario para aprovechar esos sagrados pastos.

Pues eso, feliz día del prepucio divino y que el 2014 sea provechoso para casi todos (por una vez, los de siempre podrían quedarse al márgen, pero seguro que va a ser que no)

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Hoy es dos de julio.

Hoy es el cumpleaños de mi padre. Murió el año pasado, el 24 de mayo en el Hospital de Valme, de algo que fue a peor de las mil cosas que tenía.

No sé qué les pasará a los demás, pero a mí me resulta curioso cómo descubres poco a poco las cosas que sabes porque alguien te las enseñó. Mi padre, a pesar de su carácter algo tosco y cada vez más huraño, me descubrió cosas que ahora sé que conozco gracias a él. Tanto las que me han servido para hacer las cosas mejor como los errores.

Pero no deja de extrañarme que su ausencia me revele cada día cosas nuevas. Comenzaron en el mismo tanatorio, donde empecé a conocer de verdad a los buenos amigos y el calor de su compañía, las charlas (a menudo divertidas) sobre los más variados temas, los consejos, los procedimientos administrativos vinculados a la muerte e, incluso, a identificar la mezquindad de algún politicucho de medio pelo que me negó el pésame porque dos días antes había publicado algo por aquí que, sin duda, le había molestado.

A menudo me he encontrado preguntándome qué pensaría él de un determinado problema o algún asunto que tenía entre manos. Imagino que será un recurso psicológico, pero ese ejercicio me ha ayudado a tomar una decisión o a entrever el camino o procedimiento a seguir. Si fuese uno de esos espiritualistas que se autoengañan, algún descerebrado seguidor de Coelho o de algún posmodernista similar, tendería a pensar que mi padre forma parte de mí y que su voz, mezclada con mis genes (o mi espíritu, tanto da), me habla cuando mi corazón se abre a la credulidad. Pues no.

El proceso debe ser otro distinto. Lo quieras o no son años de convivencia que, quizás de manera inconsciente, van dejando una semilla en ti que condiciona tu carácter, tu forma de pensar. Es el machacón repetir de una idea hasta que la haces sin pensar, un determinado modelo de comportamiento aprendido que ejecutas al estilo autómata, una serie de protocolos de conducta incrustadas dentro de tu mente y que los tratas como propios. Pero también algo tan simple como ignorar profundamente quién fue mi padre y tomar una imagen idealizada, que no es otro que yo mismo, para reflexionar sobre los problemas cotidianos. Porque una de las cosas que más echo de menos de él es que siento que no lo conocí lo suficiente. Y ese pensamiento me entristece.

Feliz cumpleaños, papá.