Minientrada

Estas líneas contienen un breve esbozo de por qué considero que el movimiento 25S o “Ocupa el Congreso“, es decir, la manifestación pacífica de un clamor popular (no confundir con algo relacionado con el partido que, por desgracia, comparte nombre) que expresa que este Gobierno ni ese Parlamento nos representan, es una iniciativa totalmente legítima. Es más, esta expresión es la base de la soberanía del Estado y se encuentra por encima de cualquier expresión de cámara, estamento u órgano que, por definición, está al servicios de la expresión popular, no al contrario. Parece una tontería, pero existe una posición servil que tiende a considerar las cosas justo al revés.

Lo digo y así lo expreso porque me ampara la Constitución Española, que dice:

1º. El articulo 1, punto 2 dice: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.” Es decir, tú y yo somos el verdadero poder del Estado Español que, en determinadas circunstancias, cede el mismo a unos representantes que deben utilizarlos para el bien común.

2º. Artículo 21, apartado 1: “Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa.” Aunque se matiza en el punto siguiente: “En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes“. Es decir, puedo y tengo todo el derecho a manifestar mis ideas de manera pacífica donde así estime para cumplir los fines que persigo (más adelante hablo de estos), sea en la marisma, en Sol o en el Congreso y nadie puede (o debe) impedírmelo.

3º. El artículo 31, apartado 1 dice que “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio.” Otro artículo que se está infringiendo porque, si no me equivoco, aquí los impuestos no son progresivos, sino todo lo contrario. En consecuencia, no son justos. Y no lo digo yo, lo dice la asociación de técnicos de Hacienda que, me parece, algo sabrán del tema.

4º. El artículo 128, punto 1 (sí, me he saltado unos pocos) dice “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.” ¿Alguien piensa que esto se ejerce con rectitud? Pues no, porque claramente las medidas económicas que se están tomando se realizan enfocadas a sofocar una deuda que no es nuestra ni que hemos generado. Es una patraña hablar de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades“. Si el banco me daba el dinero, yo he vivido al nivel de mis posibilidades en todo momento. Y como consecuencia de ficciones económicas y del afán de lucro rayando la avaricia los bancos, a través de las constructoras, acumularon deudas con sus socios extranjeros que ahora nosotros tenemos que devolver. ¿Por qué? Porque este gobierno dice que así debe ser, pasándose la Constitución por el forro, porque eso no es interés general.

Esto sólo son breves apuntes sobre por qué este gobierno actúa en contra de los intereses generales no sólo de la Nación, sino de sus ciudadanos. Porque, sí, este gobierno fue legítimamente elegido por una “mayoría” (en realidad minoría, ahí están los números, pero no viene al caso). Pero esta expresión del pueblo no debe ser interpretada como una carta blanca para poder hacer lo que se quiera. Se debe actuar sobre la base de:

  • Una serie de promesas electorales incumplidas sistemáticamente.
  • Guardando las leyes fundamentales como la Constitución, que por lo anteriormente expuesto claramente se están incumpliendo sistemáticamente cuando hay alternativas para hacer las cosas de otro modo.
  • Gobernando en beneficio del interés general preservando el derecho de la ciudadanía, que se saltan a la torera aplicando recortes destinados a sufragar deudas que no son nuestras, sino de una oligarquía politicoeconómica heredera del franquismo que actuó con usura y de manera especulativa, a la que favorece reduciendo los derechos ganados desde los últimos años de la dictadura.

Por eso y más cosas pienso que es totalmente legítimo:

1.- Considerar que este gobierno no está ya legitimado para seguir gobernando en tanto que está actuando en contra de las leyes y sin preservar el interés general. En consecuencia, lo es también solicitar la dimisión del mismo por traicionar la confianza prestada y que ya no disfruta.
2.- Considerar la necesidad de celebrar un proceso constituyente que devuelva un poder, del pueblo, sustraído ilegítimamente por un gobierno que esta representando intereses alejados al ciudadano, aplicando las alternativas que existen (porque existen) para solucionar nuestros problemas, y dado un mayor carácter social a un nuevo marco de convivencia. A ser posible, bajo la forma de la III República.
3. Y, por último, reclamar esto de manera pacífica sin tener que sufrir el acoso de unas fuerzas públicas que deben defender al ciudadano, no al gobernante. Porque quien tienen la soberanía y contribuye a la Hacienda pública es el primero, no el segundo. ¡Ojo! Se está demostrando por vídeos que determinados paramilitares infiltrados entre los manifestantes organizaron algaradas que motivaron las primeras cargas. Como muestra, un botón.

Por tanto, sí, “Ocupa el Congreso” no es un movimiento totalitario porque no persigue que se infrinjan las leyes ni instaurar una determinada ideología, lo diga quien lo diga. Es la casi única vía de expresión del ciudadano harto de mangoneos y que de ser utilizado reclama algo de lo que, por desgracia y sorprendentemente, aún carecemos: democracia. Que es lo que verdaderamente persigue y perseguimos todos (espero).

Anuncios

Mentiras y falacias del sector goebbeliano (¿o es estalinista?) de IP-IU.

Iba a hacer una entrada en Facebook pero me estaba quedando larga y aquí se explica mucho mejor, así que trataré de desgranar esta noticia que raya el esperpento, amén de manipuladora y falaz. ¿Por qué? Vamos por partes. La noticia no es nueva, ya se ha tratado en varios sitios, incluido esta misma bitácora.

Como se puede oír, la manipulación aparece varias veces. Como ejemplo se evita, conscientemente, utilizar la palabra “despido” para utilizar, en su lugar, la mucho más aséptica “no renovados” evitando llamar a las cosas por su nombre. ¿Por qué? No lo sé, pero el responsable de esta “tendencia” lo podría explicar y quedarnos todos más tranquilos. Sin embargo, es curioso constatar que en la misma noticia se habla de indemnizaciones como consecuencia de sentencias. Bueno, la naturaleza ha dotado a cada cual de unas limitadas dotes y, por tanto, es posible ser hábil en la manipulación de noticias pero muy torpe al dejarse caer en contradicciones serias. Durante mucho tiempo pensé que estas cosas sólo se daban en el bando nacionalcatolicista, pero es evidente que me equivoqué y que las habas se cuecen en todos lados.

En una buena manipulación, lo importante es destacar lo que interesa a pesar de que la justificación no tenga relación alguna con lo que se justifica. Si cuela, cuela, que diría Goebbels con algunas birritas en el cuerpo. Dice la noticia: “Desde el gobierno municipal se ha indicado que las indemnizaciones de los trabajadores no renovados responden a la contratación fraudulenta que tuvieron durante años con la concatenación de contratos de 2 o 3 meses” (las negritas son mías). Pues no, falso, mentira cochina. Las indemnizaciones son consecuencia del reconocimiento en un juzgado que la concatenación de contratos deriva en una plaza de trabajo con la categoría de fijo indefinido. Por tanto, es contrario a la legislación laboral despedir a un trabajador fijo de facto sin indemnización. Como se produce tal despido, el juez condena al Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca a pagar una indemnización por despido (más los salarios de tramitación). O a su readmisión, pero esto lo discuto a parte. Esa, y no otra, es la causa por la que se percibe la indemnización, que ya va siendo hora de que nos enteremos.

La capacidad de lectura comprensiva tiene un carácter extrañamente discriminante en mi pueblo, porque varía dependiendo de la orientación política del texto en cuestión o, lo que es lo mismo, es inversamente proporcional a la orientación política del texto leído. O, dicho en lengua vernácula, que la derecha no quiere entender un texto que va en contra de actuaciones de la derecha, pero la izquierda lo entiende perfectamente, y viceversa. Por tanto, con una lectura comprensiva del párrafo anterior debería quedar claro que el gobierno municipal de Izquierda y Progreso-Izquierda Unida (y en la pasada legislatura, el propio PSOE) despidió a personal laboral que debía ser fijo según la normativa laboral vigente en el momento de cursar la correspondiente demanda. No por la condición fraudulenta de los contratos, que es otro tema. Sigamos con esa cuestión ¿por qué se mete aquí lo fraudulento de los contratos si no tiene nada que ver? Porque ahora vienen las falacias lógicas. La primera que se usa es la falacia non sequitur, es decir, la consecuencia que se expone no se desprende de los hechos. Esta falacia pretende vestir una explicación interesada (“no renovaciones” por contratos fraudulentos) para no dar cuenta de la verdadera causa del despido (improcedente por ser el trabajador personal laboral fijo indefinido de facto).

Pero las falacias no quedan aquí. La noticia sigue diciendo: “Contratos que recibieron el visto bueno de la sección sindical de la UGT en el Ayuntamiento gobernado anteriormente por el equipo socialista”. ¿Esto que dice la noticia es cierto? Sí, pero no tiene una relación causal directa con lo que se trata, porque los hechos siguen repitiéndose ahora, el gobierno de Izquierda y Progreso-Izquierda Unida sigue realizando esos contratos concatenados de corta duración, igual de fraudulentos que los que se citan en la noticia, con el beneplácito de la sección sindical de UGT. Volvemos a caer en la falacia non sequitur, mezclada (a mi entender) con la falacia del hombre de paja, que persigue alterar la tesis para debilitarla y atacarla con más fuerza. Es decir, para reforzar la posición de la tesis de los “no renovados” ataco la posición de la sección sindical de la UGT que, es cierto, transigió con la existencia de estos contratos en el Ayuntamiento. Con la particularidad de que en este caso, la mayor responsabilidad recae en el patrón, en el que contrata que, en este caso, es el Ayuntamiento gobernado por Izquierda y Progreso-Izquierda Unida.

La noticia sigue y entra en la parte que a mí me resulta más nauseabunda, por las conclusiones que se siguen de ella. La noticia dice que “Fuentes cercanas a la alcaldía han recalcado que con las no renovaciones se conseguirá ahorrar más de un millón de euros por año, a pesar de las indemnizaciones a los trabajadores…[sigue]”. Volvemos a la “neo-lengua” que tanto gusta de usar al PP, el no llamar a las cosas por su nombre. El problema aquí es que se pondera como una buena gestión económica algo que es un error de gestión de recursos humanos y de capitales públicos. ¿Por qué? Porque sobre el trabajador despedido recae la opción, por parte del patrón, de indemnizar o ser readmitido en su anterior puesto de trabajo. En el caso de readmisión, sólo hay que abonar los sueldos de tramitación, es decir, los sueldos que se han dejado de percibir a causa de haber sido *injustamente* apartado de su puesto de trabajo, dado que se es fijo indefinido. Por otra parte, si no se readmite, a esta cantidad hay que añadir la indemnización que le corresponda. Por tanto, hubiera sido mucho más ventajoso desde un punto exclusivamente económico readmitir al trabajador. Pero hay más, porque muchos de los trabajadores despedidos han sido sustituidos por otros contratados de manera igual o más precaria -aunque, eso sí, mediante un procedimiento aparentemente más transparente- lo que implica una mala gestión de los recursos humanos dado que el trabajador despedido se supone en general más eficiente que el eventual que, obviamente y como no puede ser de otra forma, necesita un periodo de aprendizaje.

En definitiva, se intenta engañar a la opinión pública vendiendo por buena gestión algo que no lo es, porque existen otras formas mejores de gestionar recursos públicos. Además, resulta paradójico que un partido de izquierdas se centre tanto en el rendimiento económico en claro perjuicio del capital social, del recurso humano, que tradicionalmente es la parte importante de su filosofía. Aunque a veces esto se olvida.

La noticia continua “…que en muchos casos no superaron pruebas de acceso de ningún tipo y donde se saltaron todos los procesos de selección y contratación”. El enunciado es cierto, pero en el contexto donde se publica encierra falacias concatenadas. La primera es que no tiene relación con la noticia, es decir, la falacia non sequitur. Pero ¿por qué se introduce? Para desviar de nuevo la atención, la falacia de la pista falsa, intenta demonizar al trabajador para que el oyente se forme una opinión contraria al mismo, resaltando a la vez la posición del gobierno municipal que ha echado a la calle a vulgares enchufados, justificando los despidos de cara a la población. Esto me produce nauseas, porque al criminalizar al trabajador se miente y se desvía la atención de lo principal: que el trabajador es el actor en una obra de teatro cuyo guión lo escribe el que contrata, que es el verdadero responsable. Pero se machaca y se sigue machacando al trabajador por parte de un partido que, de nuevo paradójicamente, debe defenderlos. Cuando les conviene, claro.

Se suponía que el Lado chachi de la vida ni iba a tomar represalias con los trabajadores (a pesar de que ya hay dos trabajadores sobre los que se puede certificar que lo han sido, sin contar los que no se puede -aún- demostrar) y su gobierno iba a ser más transparente y legal. Pues no, no se están mostrando diferentes al anterior gobierno socialista del que abominan. Porque si el problema es que no hay dinero, se analiza lo que se puede recortar y se hace, siempre defendiendo los derechos adquiridos por trabajadores y salvaguardando el servicio público. Pero este gobierno resalta la irregularidad del contrato y castiga al trabajador, que no es el culpable, en vez de al empleador, que sí lo es y al que no se le exigen responsabilidades. Encima, se vanagloria del ahorro a expensas del despido del trabajador. Eso solo lo he visto en partidos de derechas. O en regímenes totalitarios.

La base de la ideología de izquierdas (recomiendo leer a Gustavo Bueno) es la defensa de los derechos de los trabajadores. Al menos es lo que siempre he entendido. Si estoy equivocado, ruego que se me corrija. Por tanto, resulta paradójico que un partido de supuesta ideología de izquierdas, defensor del trabajador, realice una mezquina labor de propaganda enmarañando el discurso con términos en forma de mentiras. Al pan, pan y al vino, vino. Eso que dicen es mentira y una manipulación de la realidad. El que la induce (porque esto no es obra de los redactores de la TV) es un mentiroso y un manipulador.

Señores de IP-IU: me parece vergonzoso. Me temo que alguien tiene errores importantes sobre conceptos ideológicos. Salvo, eso sí, que estén construyendo ideología según convenga y sobre la marcha. Por que no, no pueden presumir de defender una ideología de izquierdas. Al menos, la parte que se centra en la defensa del trabajador y la transparencia. Lo contrario, lo que ustedes hacen, ya lo hacía el PSOE antes que vosotros. Eso sí, en esta legislatura hay más destreza goebbeliana que en la anterior.

Perdónenme, pero siento asco.

 

 

 

Minientrada

Una tarde de sábado, a eso de las 15h., un mongolo salía del bar conocido como “Tubulars”. Es importante resaltar no confundir a un “mongolo” con aquellas personas aquejadas de una trisomía en el par cromosómico 21, también conocidos como “Síndrome de Down“. Los primeros tienen la inteligencia justa para no cagarse por la calle. Los segundos son personas con ciertas dificultades para desarrollar una vida normal, circunstancia que es posible compensar con ciertas dosis de empeño y esfuerzo.
Como decía, el mongolo sale del bar y se monta en su estupendo deportivo último modelo, un Seat Ibiza de color rojo. Sale del aparcamiento pisando a fondo el acelerador y pone rumbo a su destino, cualquiera que fuese ese. En ese momento, tres personas cruzan por el paso de cebra cercano, el situado frente a los popularmente conocidos “pisos de Mauri“. Un servidor y mis dos hijos pequeños de 9 y 6 años. El mongolo, en sus cortas luces, parece darse cuenta y reduce considerablemente su aceleración. Tengo la fuerte sospecha de que se cagó en ese momento. No por miedo a lo que pudiese hacer, sino porque la neurona que le alertó de nuestra presencia era la que controlaba su esfínter anal. El mongolo, se cruza delante nuestra muy lentamente, a escasos centímetros de nosotros que nos encontrábamos casi a mitad del paso de cebra. En ese momento, el mongolo gesticula mirándome y mueve las manos, interpreto, disculpándose. Quizás mascullaba algunas palabras de disculpa pero no las oí. Su ventanilla estaba subida y yo me encontraba en plena exposición de una elaborada muestra de epítetos y giros gramaticales centrados, básicamente, en su familia.
No se detuvo, sino que siguió su camino a una más que adecuada velocidad, por no decir lenta. Le agradezco que no se parara. En un momento en el que la adrenalina corre por tus venas a chorro, cualquier persona puede convertirse en un imbécil capaz de meterle por el culo el tubo de escape de su “buga”.
Al contrario que Woody Allen, que consideraba a su cerebro como su segundo órgano favorito, para un mongolo el cerebro se localiza aproximadamente en el sexagésimo quinto lugar, muy por detrás de su polla, la extensión de su polla (su coche), los herrajes faciales (son tan burros que no se los ponen en sus pezuñas, sino en sitios insospechados), su polla, la extensión de su polla… ¿Me repito? Bueno, tengo que llegar hasta el cerebro, que está justo delante de su madre (aunque algunos la adelantan varios puestos) y a su kit de recambio (su novia).
No se si os pasa igual, pero es llegar el fin de semana y donde antes uno veía padres llevando a sus hijos, trabajadores desplazándose hacia o desde su trabajo, personas en sus quehaceres, de repente aparecen mongolos y más mongolos haciendo el imbécil por la vía pública. O sea: girando por las rotondas a suficiente velocidad para que chirríen las ruedas, acelerando por calles estrechas como si corrieran el Gran Premio de Montecarlo, o paseando generosos decibelios de un ruido monocorde que confunden con música. La pregunta es ¿de dónde salen tantos mongolos? O, lo que es lo mismo ¿dónde se refugian o esconden durante el resto de la semana? ¿Serán como murciélagos, que sobreviven en un agujero, escondidos, hasta el viernes? ¿Dónde, cómo, por qué? Pienso que sería un tema interesante para una tesis.

El nuevo gobierno: primeras decepciones.

De Naniano Rajoy no hay mucho que decir. Vamos, igual que él. No sólo no habla antes de las elecciones, ¿para cagarla?, y para colmo tampoco contesta preguntas en rueda de prensa. Algunos, tanto patrios como extrangeros, siguen pensando que su mierda no huele. Dicen que ha cargado de poderes a Soraya. Normal, para hacer algo hay que tener iniciativa, área donde se ha mostrado poco hábil. Menos mal que, por lo menos, hará una política como dios manda. Ahora habrá que enterarse qué dios, porque nunca se sabe si está pensando en un dios durmiente tipo Eru, mandando a los Ainur a arreglar el mundo, o algo más activo del tipo judeocristiano. Lo único que cambia en ambos casos es el vector sanguinario.

  • Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García Margallo. Ni idea, se va a beneficiar por cojones del beneficio de la duda, valga la redundancia.
  • Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. Vaya putada les ha hecho a los madrileños al encasquetarles a la Botella por t’ol morro. Dicen los madrileños que no la quieren, por lo que es de augurar que pierda las próximas elecciones. O no, que diría Naniano.
  • Ministro de Defensa, Pedro Morenés Eulate. En su defensa, decir que tiene experiencia en la materia. Por eso, quizás, está relacionado con empresas de construcción naval y de fabricación de misiles. Sí, al contrario que los barcos, a los misiles no les conozco aplicación civil alguna. ¿Esto no genera incompatibilidades?
  • Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro Romero. A este señor ya lo conocemos de la época en la que dirigió los recortes durante la hégira aznariana. Así que no hay otra cosa que esperar de él. Sí para ser presidente con tener el graduado basta, para ser ministro tampoco hace falta mucho más.
  • Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Dicen que dice que no va a permitir ocupaciones de la vía pública, en un guiño a la rancia caverna que se queja de los perroflautas del 15M y resto de fauna, lo que demuestra que para ser ministro tampoco hay que ser inteligente. Dicen que tiene un gran sentido del humor, pero no sé si será suficiente.
  • Ministra de Fomento, Ana Pastor Julián. A mí, esta señora me cae simpática, pero no sé por qué. Además, en su haber está el crear la agencia de seguridad alimentaria, de los pocos organismos que funcionan bastante bien. El “debe” se me ha olvidado.
  • Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert Ortega. Ni idea, pero viendo su perfil no entiendo qué pinta este señor aquí. Aunque, pensándolo mejor, tampoco sé qué pintaba la Sinde, así que es posible que, incluso, sea capaz de hacerlo mejor. Pero mejor que Gabilondo lo dudo seriamente, no parece tener la profundidad ni la inteligencia de éste.
  • Ministra de Empleo y Seguridad Social, María Fátima Bañez García. Hablan bien de ella porque es andaluza (claro, hablan bien los andaluces). Su mérito es ser la mano derecha de Soraya, y no entiendo bien lo que significa. Ya veremos, pero su encargo de reducir las listas del paro sólo lo veo posible borrándolos de ella y negándoles la asistencia. Bueno, también podría ocurrir que la gente empezara a encontrar trabajo, aunque esto tradicionalmente nunca ha sido mérito de la acción de este ministerio. Seguramente pronto nos la encontramos hablando de reforma laboral, que es o que se ponen a hacer cuando no se sabe qué hacer. O sí, cuando se prentende que volvamos al tiempo en el que éramos esclavos y no teníams casi derechos (entiéndase el “casi” como licencia poética).
  • Ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria. No lo conozco, pero parecen rondarle varios casos de corrupción, parece el doble de Aznar en todos los sentidos (es más alto). Se supone que si lo han nombrado ministro es que están seguros de su inocencia. O que tienen a la brigada de Trillo detrás mareando a jueces (véase el caso de Camps) y tapando bocas con demandas (véase el caso de Garzón).
  • Ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete. En el pasado tuvo que lidiar con el “mal de las vacas locas” y no lo hizo del todo mal. A excepción del control de los animales muertos en el campo donde no supo/pudo presionar lo suficiente en Europa para evitar esa aberración. Seguimos sin ministerio de medio ambiente, lo que indica a las claras que si a los de antes el medio ambiente les importaba tanto como un pepino (sin salmonela), a estos les importa lo mismo o menos. De hecho, se criticó mucho el que no tuviéramos un ministro de agricultura. Ahora sí lo tenemos. Pero ¿y de medio ambiente? Eso da igual…
  • Vicepresidenta del Gobierno y Portavoz y Ministra de la Presidencia, Soraya Sáenz de Santamaría Antón. Desconfío de cualquier persona que durante mucho tiempo ha vituperado a diestra y siniestra del gobierno de turno y, cuando entra en él, se muestra simpática y sosegada demandando a todos “lealtad institucional”. Este tipo de personas me parecen hipócritas y no me gustan.
  • Ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos Jurado. Le achacan su pasado en Lehman Brothers para echarle mierda encima. Seguramente, su historia tendrá al respecto. Asume también las competencias del antiguo ministerio de ciencia. Al igual que con medio ambiente, nos quitan otro ministro que se ocupe de relanzar y profundizar los aspectos del mal llamado I+D que nos puede sacar del pozo donde nos encontramos. Es que no es I+D, es investigación en general. Cualquier país que se precie debe dotar de recursos suficientes a personas brillantes que sean capaces de hacer avanzar el conocimiento que, está de sobra demostrado, lleva al progreso social y económico de una sociedad. El PSOE de manera ladina aumentó los presupuestos al poco de entrar, bajándolos más tarde. A los conservadores (PPSOE) siempre les ha interesado más la pandereta y la sotana que el progreso. Seguiremos con el lastre herencia del franquismo. Y no, no me refiero al rey.
  • Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato Adrover. Es la que decía que los niños andaluces no tenían ni sillas para sentarse. Una demagogia de ese calibre la inhabilita para cualquier tipo de cargo, en mi opinión, porque una persona no puede esparcir mierda de esa forma y quedarse tan agusto en un ministerio. Pero claro, si lo que se pretende es privatizar la sanidad, tampoco hace falta poner al frente a nadie con una catadura moral elevada. Con que sepa mentir sin remordimientos es suficiente.

En resumen, este es el gobierno que pretende sacarnos de la crisis. Ojalá, porque la gente empieza a estar muy harta. Lo que pasa es que si la gente está harta de pagar la crisis y este gobierno empieza a hacer lo que se espera de él (vamos, lo que ya hace en otras CCAA) la gente se va a cabrear aún más. Claro, para eso van a evitar que la gente ocupe las calles. Lo que provocará aún más cabreo. Vamos, lo que se dice una política inteligente.

Además, el aparente “buen rollito” con los salientes me mosquea. No es que me parezca mal, al contrario. Pero después de dos legislaturas (casi ocho años) tensionando, maldiciendo, desprestigiando, zancadilleando, vituperando y mintiendo, resulta chocante. Claro, ahora que están en el poder, habrá que cambiar el “chip” y mostrarse “amigables” Me gustan las personas que tiene una sola cara, este tipo de personas enmierdan la política y envilecen la vocación de servicio a la sociedad, lo que debiera de ser, y la transforman en el servicio de la sociedad a sus propios intereses. Eso ya lo hemos conocido en este pueblo en el pasado.

Espero que, al menos, hagan bien el trabajo para el que se les ha elegido.

Gana el PP y ¿se cabrean? No entiendo a estos romanos…

Tras las elecciones generales del pasado 20 de noviembre de 2011 y repartir las oportunas felicitaciones, se me ocurrió comentar que el PP ganaba las elecciones cuando la gente de izquierdas no votaba al PSOE, es decir, por demérito del PSOE. Sinceramente, no fue una actitud provocadora por mi parte porque asumía que todo el mundo conocía esa realidad, que el PP gana si el electorado de izquierda o centro-izquierda (mayoría por ahora) no se movilizaba. De hecho, la campaña electoral ha discurrido en esa tónica, no se han puesto de manifiesto ni el programa ni los planes de recortes, salvo pinceladas muy generales y alguna media mentira, procurando magnificar el “demérito” del contrincante antes que las propuestas propias (que todos asumimos que serán duras) como una fórmula para evitar dicha movilización. Esto es algo ya sabido por el propio PP, puesto que fue el propio Rajoy el encargado de dirigir la campaña en el año 2000 que llevó a dicho partido a la mayoría absoluta.

Sin embargo, me sorprendieron reacciones demasiado (a mi entender) exageradas, con medios insultos, adhesiones vehementes a la tesis contraria y la negativa a aceptar lo que sólo con los datos brutos en la mano ya resultaba evidente. Daba la sensación de que se defendían frente a un supuesto ataque deslegitimador, como si aceptar las cosas como son fuese algo perverso o redujera su valor. Es como si un propietario de un Ferrari se mosqueara si se le habla de cómo funcionan los motores de combustión interna. He de reconocer que me ha desconcertado la magnitud de la sinrazón, de la retórica sectaria y del amor por la ignorancia que han demostrado algunos.

Es absurdo recalcarlo, pero es más que evidente que la victoria del PP no sólo fue legítima, sino además histórica atendiendo a la magnitud de la mayoría conseguida, gracias a que sus militantes hicieron un buen trabajo en campaña siguiendo los dictámenes de su partido. Sin decir nada sobre su programa, salvo generalidades, y cargando sobre el PSOE.

Esto ha hecho que escriba este articulillo con el fin de demostrar con datos lo evidente. Para que se puedan comprobar las afirmaciones (o desmentirlas), he expuesto paso por paso la localización de los datos, lo cálculos realizados y el método seguido. De esta manera, cualquiera que tenga un mínimo interés en saber la realidad podrá repetir mis cálculos y determinar si estoy en lo cierto o me equivoco (que también es posible). Quien quiera la hoja de cálculo, que la pida.

Los datos.

En la página del Ministerio del Interior existe gran cantidad de información sobre elecciones pasadas de todo tipo. He ido a Resultados electorales y, una vez allí, me he metido en el Área de descargas. Allí están localizados los archivos comprimidos (en formato ZIP) con los datos brutos, por municipio, de todas las elecciones celebradas hasta la fecha en ficheros en formato XSLX (es el nuevo formato de MSExcel, pero las últimas versiones de OpenOffice y LibreOffice lo abren sin problemas).

Una vez descargados y descomprimidos los archivos, he utilizado la hoja de cálculo de LibreOffice  (versión 3.4.4), con la que he sumado el número total de votos por partido, obteniendo la siguiente tabla. Es posible obtener los mismos datos en la misma web con menos esfuerzo y ya elaborados, pero he preferido tratar con datos brutos.

Tabla resumen elecciones.

Hay que tener en cuenta que el Partido Popular no existía como tal en las primeras elecciones. Los datos que aparecen en la tabla antes de 1989 provienen de la suma de los votos de la extinta UCD con los de Alianza Popular, sin contar con la pléyade de partidos de derecha que en los primeros años de la democracia no se habían integrado en la federación. Es decir, se asume (sin demasiado coste para la precisión de lo que se persigue exponer) que el votante de centro-derecha que votó a la UDC o a AP votó al PP en las siguientes elecciones a partir de 1989. Es posible que el resultado del análisis hubiera sido más preciso si se hacen los cálculos por circunscripción. Pero con esto sólo se pretende hacer una aproximación.

Con estos datos se ha elaborado la siguiente tabla, donde se expone la variación en el número de votos obtenidos por cada partido con relación a los comicios inmediatamente anteriores entre dos elecciones dadas. Es decir, el número de votos recibidos en las elecciones en curso menos los obtenidos en la anterior. Así mismo, se obtiene la variación en número de personas que votan en cada elección y la de la abstención.

Análisis comparado de la variación de los votos entre elecciones.

La última columna es un índice creado al efecto para agrupar las últimas dos columnas en una sola. Hay que tener en cuenta que el número de votantes y de abstenciones son dos variables (en principio) independientes, pero su relación puede mostrar interesantes conclusiones. Es necesario explicarlo más porque en él se centra buena parte de la carga de la prueba.

El índice Δ_VOT-Δ_ABS es la diferencia entre la variación del número de votantes (Δ_VOT) y la variación del número de personas que se abstienen (Δ_ABS). ¿Qué significado tienen los valores del índice? Cuando el número de votantes en unas elecciones aumenta, el de abstenciones disminuye y el índice toma valores positivos. Cuando el índice presenta valores negativos ocurre que la abstención aumenta mientras que el número de votantes disminuye (lógico también). Pueden darse casos en que los votantes aumenten cuando aumenta la abstención y viceversa, en cuyo caso los valores son menos extremos y se dan con menos frecuencia. Al menos, en la muestra considerada.

A partir de esta tabla se construye una gráfica donde se muestra la variación de votos en el eje Y, mientras que en el eje X se representa el intervalo de elecciones considerado. Los valores positivos para ambos partidos indican un aumento en el número de votos conseguidos respecto a las anteriores elecciones, mientras que son negativos si lo que se produce es una disminución de los mismos. En dicha gráfica se muestra en color rojo los resultados del PSOE, en azul los del PP, en naranja el índice Δ_VOT-Δ_ABS y en gris claro y con línea discontinua los valores de la variación de votantes y de abstenciones (el color suave de estas líneas es a propósito, para evitar abigarrar en demasía la gráfica pero para mostrar su influencia en el índice considerado).

Gráfica de la evolución comparada de los resultados electorales.

Discusión.

Lo primero que se observa en la gráfica es que el comportamiento de los votantes del PSOE es mucho más variable que los del PP, mostrando mucha más amplitud en comparación con el segundo. Eso puede interpretarse como un mayor grado de fidelidad y disciplina de los votantes del PP frente a, quizás, un sentido más crítico con la gestión o la ideología de los votantes del PSOE. Aunque esta interpretación última es personal y sujeta a la crítica que se considere oportuna.

Si se analiza la segunda tabla, no se puede apreciar un trasvase claro de votos entre ambas formaciones. De hecho, cuando el PP gana las elecciones de 1996 su aumento de votos parece venir de la incorporación de nuevos votantes en vez de transferencia de votos desde el PSOE, que también aumenta en número de votantes (aunque en menor proporción). De hecho, la mayoría absoluta del PP en el año 2000 se produce con un nuevo aumento de votos a esa formación, pero con un importante descenso de los votos al PSOE, acompañado de un descenso del número de votantes y un incremento de la abstención.

En el año 2004, el PSOE gana las elecciones con poco más de un millón y medio más de los votos que tenía cuando perdió en 1996. Sin embargo, el PP conserva prácticamente los mismos votos, no desciende en la misma proporción. Pero se produce un aumento de la participación y un descenso de la abstención que dan ese aumento en el número total de votos al PSOE. La clave en este fenómeno está en el comportamiento del incremento de votantes y de la abstención. En las pasadas elecciones generales de 2011 se puede apreciar que el PP se encuentra dentro de su intervalo habitual de número de votos. Pero resulta llamativo el descenso brusco de votos del PSOE y, en aparente correspondencia, la disminución de número de votantes y el aumento de la abstención.

A excepción de las elecciones del año 1986 (en ellas el PP en realidad aún no existía como tal y concurren otras circunstancias que no vienen al caso), el índice Δ_VOT-Δ_ABS presenta valores muy negativos, es decir, descenso del número de votantes e incremento de la abstención, coincidiendo con las victorias del PP. En cambio, presenta valores muy positivos cuando es el PSOE el que gana las elecciones, es decir, cuando la abstención se reduce y el número de votantes aumenta. Resultan evidente en las victorias populares de 2000 y 2011, así como en las victorias socialistas de 1982, 1993 y 2004.

Conclusión.

De estas gráficas pueden extraerse diversas conclusiones pero, en mi opinión, los datos evidencian que los votantes del PSOE (izquierda y centro-izquierda) son mayoría frente al los del PP (derecha y centro-derecha). Si los primeros no votan, o votan a otras opciones, el PSOE pierde las elecciones. Por el contrario, el PP tiene un electorado muy fiel que suele votar con independencia de la gestión de sus líderes. Por tanto, el PP gana gracias a la fidelidad de sus votantes y por demérito del contrincante.

Lo importante de este pequeño análisis no es quién gane las elecciones, sino saber el porqué de las cosas sin que ello suponga ningún tipo de deshonra, vergüenza o mancha. Las cosas son lo que son, guste o no guste.

El voto aleatorio o al azar II. Algunos cálculos.

Tras la publicación de mi anterior artículo sobre el voto aleatorio, disfrutaba de las mieles de haber parido una idea perfectamente inútil que, además, aparecía de las primeras en el San Google cuando (siempre tiene que haber un “pero”) Jorge Javier Frías Perles me preguntó que sería interesante hacer un análisis sobre cuál es la posibilidad que tiene el voto al azar de influir en los resultados electorales y, por tanto, cuántos votantes se necesitarían para que fuese efectivo. Voy a reconocer que, al principio, me acojoné. Mis destreza matemática nunca ha brillado, salvo por su ausencia, y mis conocimientos sobre ésta y otras disciplinas útiles (como la estadística, por ejemplo) se encuentran tapadas por gruesas capas de otros conocimientos inútiles. Si además con tanto cálculo demostraba que la idea era posible ¡ya no sería una idea inútil! Pero empecé a hacerme un esquema del problema y…

Primero quiero enmendar un error. En el artículo anterior hice referencia a una lista de candidaturas proclamadas publicadas en el Boletín Oficial del Estado. Esta lista se puede encontrar en la web específica sobre elecciones del Ministerio del Interior, con la ventaja que no tiene las candidaturas que se presentaron y que no han sido proclamadas, simplificando el procedimiento.

Para empezar, como en el caso anterior, hay que tener en cuenta la provincia en la que se vota, dado que estamos eligiendo diputados por circunscripción provincial y todos los partidos no se presentan en todos sitios. Además, hay que considerar que la distribución de los diputados entre los distintos partidos políticos concurrentes se realiza mediante la aplicación de la Regla de D’Hont (lo siento, me niego a llamar a esto “ley”). Por último, hay que tener en cuenta que el artículo 163.1.a de la LOREG se establece que las candidaturas, en cada provincia, que reciban menos del 3% de los votos no entran en el reparto.

Como tengo mi bola de cristal en el taller, no puedo saber lo que va a pasar el día 20 de noviembre, pero sé lo que pasó en las pasadas elecciones de marzo de 2008. Aunque los partidos políticos que concurrieron a las mismas no coinciden al 100%, para el caso es lo mismo: lo que quiero hacer es jugar con los datos para ver en qué circunstancias el voto aleatorio puede tener alguna influencia. En las elecciones generales de 2008 el PSOE obtuvo 8 de los doce diputados por la provincia de Sevilla, mientras que el PP sólo 4. La siguiente fuerza más votada, IUVL-CA, hubiese necesitado más de veinte mil votos para conseguir arrebatarle el 6º diputado al PSOE (no porque sea el PSOE, sino como resultado de los cálculos de la regla de D’Hont).

Resultados de las elecciones de 2008 al Congreso en Sevilla. En rojo, los partidos que no lograron superar el 3% de los votos requeridos por la LOREG.

Para empezar, utilizaré la cuenta de la vieja o, lo que es lo mismo, el tanteo: voy a probar qué pasaría si reparto el 50% de los votos válidos de las elecciones de 2008. Voy a suponer que los dos partidos mayoritarios se reparten la mitad de los votos por igual, dejando el 50% restante al resto.

Resultado de las elecciones de 2008 si los partidos mayoritarios hubieran recibido el 50% de los votos válidos y los demás partidos el resto de votos.

Con los datos de las elecciones de 2008 para Sevilla, el resto de los partidos minoritarios no alcanzan el 3% perceptivo para entrar en el reparto, por lo que la totalidad de los votos van a parar a los dos partidos mayoritarios. Claro que he supuesto, además, que la distribución aleatoria es perfecta, de manera que todos los partidos minoritarios reciben exactamente la misma cantidad de votos. Sin embargo, en el mundo real, una distribución de datos aleatorios no es tan perfecta porque pueden concurrir diversos factores que introduzcan cierta cantidad de ruido a las distribuciones. Para introducir ruido a la distribución tomé este valor y le calculé el 10% (un porcentaje menor genera poco ruido y otro mayor lo diluye). En este caso, el 10% de 31.368 es aproximadamente 3.137. Si le resto y sumo dicho 10% al valor inicial, obtengo dos nuevos, 28.231 y 34.505. Es decir, un intervalo centrado en el valor medio o inicial. Utilizando una hoja de cálculo y la función aleatoria descrita en el artículo anterior obtendré valores aleatorios con cierto ruido pero dentro de unos límites asumibles para el experimento teórico que describo. A continuación aparecen dos tablas en las que se muestra que dicho ruido hace que muchas fuerzas políticas superen el 3% necesario para “entrar en el reparto”, pero tampoco obtienen ningun diputado, que se distribuye a partes iguales entre PSOE y PP. En rojo aparecen marcados los partidos que no superan el 3% y en verde los valores que proporcionan diputados a los partidos.

Resultado de las elecciones de 2008 si los partidos mayoritarios hubieran recibido el 50% de los votos válidos y los demás partidos el resto de votos, si que éste fuese una distribución aleatoria perfecta. En rojo, los partidos que no superan el 3%.

Distribución de los diputados según la regla de D’Hont para el caso anterior.En rojo, los partidos que no superan el 3%. En verde la distribución de los diputados.

Puede suponerse que otorgar a los partidos mayoritarios la misma cantidad de votos no es real y puede estar falseando los datos. Pues no. En 2008 el PSOE obtuvo casi el doble de vosots que el PP. Si para este caso invertimos la tendencia y, del 50% reservado, otorgamos el 60% al PP y el 40% al PSOE, manteniendo igual el resto, el resultado es que a pesar de todo se siguen repartiendo por igual los diputados, como puede verse en la siguiente tabla.

Similar al caso anterior, pero con los votos de los partidos mayoritarios distribuidos de manera que el PP hubiera recibido el 60% de los mismos y el PSOE el 40%.

Si el 50% de los electores de la provincia de Sevilla hubiesen votado al azar en 2008, no parece que hubiese ocurrido ningún cambio significativo. Sin embargo si tenemos en cuenta, como en el caso anterior, un mayor número de votos al PP que al PSOE pero que la suma de ambos no supere el 45%, entonces empiezan a pasar cosas: aparece el primer partido que aportaría un diputado diferente a los mayoritarios (nótese que el último de la fila -marcado de color celeste- tiene mayor número de votos, pero es un artificio creado para redondear la suma total y no se tiene en cuenta).

Resultado de las elecciones de 2008 si los partidos mayoritarios hubieran recibido el 45% de los votos válidos y los demás partidos el resto de votos de manera aleatoria con cierto márgen de variabilidad. En rojo, los partidos que no superan el 3%. En verde la distribución de los votos según la regla de D’Hont.

Distribución de los diputados según la regla de D’Hont para el caso anterior. En rojo, los partidos que no superan el 3%. En verde la distribución de los diputados .

Conforme reducimos el número de votantes a los partidos mayoritarios y se aumenta el número de votantes que lo hacen de manera aleatoria, aumentan los partidos minoritarios que consiguen diputados. Como en el caso anterior, si el voto aleatorio alcanza el 60% de los votos, entran dos partidos mayoritarios a escena. Y si lo hacemos más extremo y es el 75% de los votos, la diversidad de partidos políticos aumentaría de manera notable.

Resultado de las elecciones de 2008 si los partidos mayoritarios hubieran recibido el 25% de los votos válidos y los demás partidos el resto de votos de manera aleatoria con cierto márgen de variabilidad. En verde la distribución de los votos según la regla de D’Hont. En este caso, todos los partidos superan el corte del 3%.

Distribución de los diputados para el caso anterior.

En resumen, a modo de conclusión, este sistema de votación sólo puede moficar la normalidad bipartidista si un número de votantes superior al 50% de total ejerce el voto de manera aleatoria o al azar. Como parece poco probable que ningún partido político lo propugne, dado que podría ir contra sus intereses (o no, según se mire), la posibilidad de que este método se lleve a cabo es muy pequeña. Sólo si la idea arraiga en redes sociales, foros, etc., podría tener alguna influencia, lo que me lleva a la conclusión de que la probabilidad de que el voto al azar influya en el resultado electoral puede ser muy baja. Ignoro si en provincias diferentes, con número de votos y número de diputados diferentes los resultados serán coincidentes. En principio, parece evidente que a menor número de diputados elegibles, menor será la influencia de este sistema de votación. O, lo que es lo mismo, a menor número de diputados elegibles, mayor sería el porcentaje de votantes que deban ejercer el voto aleatorio para que éste sea significativo.

Estoy contento. Acabo de demostrar que mi idea es realmente inútil. Q.E.D.

El voto aleatorio o al azar.

Desde que el pasado 15 de mayo de 2011 se produjera el nacimiento del movimiento ciudadano que reclama una gestión de la política más representativa, participativa y transparente, se han sucedido diversas manifestaciones orientadas a reclamar este derecho castigando a los partidos mayoritarios. Una de las iniciativas popularizadas a partir de esta fecha ha sido No Les Votes. Dado que, según exponen, los partidos mayoritarios no prestan la atención debida al ciudadano, éste debería analizar otras opciones de voto diferentes a la abstención o al voto nulo. La idea, por tanto, es llamar la atención al político y romper, de alguna manera, el bipartidismo imperante que no se encuentra al servicio de la ciudadanía, sino de intereses menos transparentes y generalmente a la espaldas del pueblo al que (se supone) sirve, mediante el ejercicio de nuestro derecho constitucional a votar libremente, en este caso a partidos minoritarios.

No puedo disimular que simpatizo con este movimiento porque es, en esencia, un movimiento que propugna la democracia básica, la libertad del individuo a elegir su voto y que las instituciones democráticas deben estar al servicio del pueblo, no a la inversa. Porque, como mucha gente piensa, no vivimos en democracia, sino en una oligarquía más o menos amplia, de más o menos fácil acceso. Pero el ciudadano de a pie no participa en la toma de decisiones, salvo cada cuatro años para emitir un voto. Eso, digan lo que digan, no es democracia. Como mucha gente, quiero participar en las decisiones, quiero que se habiliten los cauces adecuados (es decir, ordenados y eficientes) para que el gobernante pueda escuchar lo que tengo que decir. A lo peor, no digo más que tonterías. Pero ¿y si una vez dijera alguna tontería útil?

La cuestión es ¿a quién voto? Porque, seamos serios, la mayoría de la gente no lee los programas políticos. A lo más que puede llegar es a leer algún panfletillo o acudir a un mitin donde, sin ningún lugar a dudas, la única idea que va a recibir es lo buenos que son ellos y lo malos que son los otros. Es más, si sacamos de la lista al PSOE, PP y CiU ¿cuántos partidos eres capaz de citar quitando IU, UPyD y algún otro regionalista? Otra opción es mirar el BOE y ver los partidos que se presentan por tu provincia. De todas formas, la cuestión sigue estando ahí ¿cómo eliges al partido al que vas a votar?

Imaginemos que queremos una elección más simple y sin necesidad de perder (o no) el tiempo en leer un programa electoral o en decidir si uno u otro nos representa más desde un punto de vista ideológico. Si estamos decididos a protestar contra el bipartidismo y llamar la atención a nuestro políticos sobre nuestro deseo de una democracia más participativa, lo suyo es que salgan elegidos mientras más partidos políticos, mejor (dejemos para otro día las discusiones sobre la gobernabilidad que, si hay voluntad y ganas, no sería un gran problema) que en pensar en tendencias o afinidades, debemos pensar en que la proporción de candidaturas escrutadas sea diversa. ¿Cómo hacer que la gente vote de manera que salgan el máximo posible de candidaturas?

Hace unas semanas leía en el Facebook de Jorge Javier Frías Perles sobre el voto al azar. Me llamó la atención y de pronto me vi, mentalmente, dentro de una cabina electoral haciendo lo de “pito, pito, gorgorito…” sobre las papeletas. No es mal sistema y, en principio, puede ser interpretado como aleatorio porque, si no sabes el orden de colocación de papeletas ni el número de ellas, puede ser difícil que la elección sea condicionada. Pero ¿somos lo suficientemente coherentes para aceptar el resultado final de nuestra elección? Imaginemos que somos de ideología profundamente conservadora, tanto que el PP nos parece medio comunista. Si elegimos al azar y nos sale una papeleta de un partido de tendencia maoista ¿seremos capaces de anteponernos a nuestra repulsa y meter la papelera en el sobre? El método no es perfecto.

Después de darles algunas vueltas al tema y para no aburrir demasiado, se me ha ocurrido un método. Hay que tener dos consideraciones previas:

La primera es que la lista de candidaturas no es exactamente igual en todas las mesas electorales. Cada mesa tendrá las papeletas de las candidaturas proclamadas en cada provincia y cada elector podrá votar a esas opciones. Si te gusta un partido que sólo se presenta en Galicia, lo siento, tendrás que empadronarte allí. La lista está oficialmente publicada aquí.

En segundo lugar, hay que elegir un sistema que sea realmente aleatorio. Por proponer uno relativamente fácil y limpio: la función “random” de la mayoría de las hojas de cálculo. Voy a usar para ello la hoja de cálculo “Calc” de LibreOffice. Para el “Calc” de OpenOffice o “Excel” de MSOffice el procedimiento es muy similar. Para ello abro el programa y pincho en el asistente de funciones de la hoja de cálculo (o sea, el símbolo de función matemática que se representa como f(x))

Cuando se abre la ventana, selecciono aquella que hace referencia a una función aleatoria. En mi caso, me permite acotar los valores sobre los que me va a dar el valor. Esto es muy útil porque si se presentan 10 candidaturas, que te salga el número 11.379 complica un poco la cosa.

Como vivo en la provincia de Sevilla, consulto el número de candidaturas y veo que en total son 17, pero hay tres no proclamadas. Es decir, si salen los números 1, 14 o 16 tengo que repetir la operación. Pues bien, tras pulsar en el botón “Siguiente” de la ventana anterior me aparecen las opciones para acotar la función para que me salgan números aleatorios entre 1 y 17.

En el momento que le dé al botón “Aceptar” me saldrá un valor aleatorio. Ahora sólo basta con ir a la lista de candidaturas y comprobar cuál es la elegida.

Una vez efectuadas las consideraciones previas, es necesario establecer el procedimiento para ejecutarlo. Si no nos fiamos de nosotros mismos ni de nuestra propia voluntad, hagámoslo en grupo. Somos monos sociales, nos gusta hacer cosas juntos. Podemos idear un sistema de intercambiar votos, una especie de contrato entre dos personas: yo voto la opción que te salga a ti y tú la que me salga a mí. De esta manera hacemos el método aleatorio más seguro, porque la decisión del voto ya no es tuya, es la que venga impuesta por tu compañero de intercambio de votos. Tú no estás votando tu elección, sino la suya. Aunque seas tú el que vota. Es más, podemos añadir un elemento más al sistema. Utilicemos las redes sociales, tan en boga en los últimos años, para contactar con personas conocidas o desconocidas que vivan a muchos kilómetros de nosotros pero que compartan nuestro interés. Evidentemente, en el intercambio de votos debe tenerse en cuenta la provincia de destino, para evitar errores. Y para que sea perfectamente aleatorio deben estar incluidos todos los partidos concurrentes. Si se excluyen del resultado final aquellas opciones que nos gusten menos, el resultado no sería aleatorio. Para que lo sea TODAS las opciones tienen que tener la misma probabilidad de salir.

Como es evidente, el sistema puede complicarse hasta el punto que uno quiera. Para certificar de alguna manera que el voto es el seleccionado al azar, podemos sacarnos una foto en el momento de la recogida del voto para enviárselo, vía red social, a nuestro compañero de intercambio. O podemos filmar en vídeo todo el proceso, desde la toma del voto hasta su introducción en la urna, para certificar que se cumple con la palabra dada. Las posibilidades son casi infinitas: creación de grupos o un perfil determinado en alguna de las redes sociales existentes, etiquetas, plataformas independientes…

¿Quién se apunta?