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¿La izquierda despistada?

Antes de empezar a criticar a la gente que no vota (que sí, que es un gesto en parte estúpido en tanto que provoca justo lo que no se quiere, que entre la derecha apretando, pero ¿a quién votar?) y demonizar al que menos culpa tiene del asunto, habría que reflexionar un poco sobre “la cosa”. Porque el criticar al que se abstiene y luego se queja (con razón, aunque estúpidamente de nuevo) es igual de grave, a mi parecer, que realizar proclamas sobre la legitimidad de un voto para despotricar sobre ella si ésta no te favorece. O confundir la legitimidad de una elección con la carta blanca para pasarse por el forro el principio básico de un gobierno democrático, el de gobernar para sus ciudadanos.

A mí me parece buena cosa que el PP haya ganado en Galicia. Una cosa es que no comparta su ideología y otra que (aunque me hubiera gustado otro resultado) que no respete la voluntad de esos miles de gallegos que se han quedado en sus casas (o votado de manera nula) porque no querían votar a partidos con los que no se identifican, bien porque su ideología es diferente, bien porque están cansados de los trapicheos de los grandes partidos, bien porque no saben en realidad qué quiere hacer la izquierda, posiblemente motivado porque la mayoría de políticos salen a la calle “a la caza del voto” como las setas, por temporadas. Así la ciudadanía se decanta por lo menos malo que ya conoce, los grandes partidos, porque se ven (aunque sea por la tele), mientras que la izquierda rezonga sobre unos resultados que, como siempre, no le son todo lo favorables que piensan -equivocadamente- que merecen.

Pienso que la izquierda en este país (y puede que en el resto de Europa) está muy despistada. No digo que manifestaciones y marchas (no confundirlas con pantomimas de robasupermercados) no sean necesarias. Pero mientras nos manifestamos, marchamos o nos quejamos este gobierno con tintes urfascistas y la oligarquía neoliberal que los apoya, sin más credo que el ansia por el dinero (el nuestro) fácil, se descojonan e intentan desprestigiar las demandas de la izquierda (igualdad, progreso y democracia, entre otras) de “radicales”, cuando lo radical es someter al pueblo soberano al arbitrio de unos pocos.

El problema es que la derecha acapara directa o indirectamente la práctica totalidad de las vías de la información. Salvo en internet, donde suceden intentos de censurar el casi único canal de expresión libre que va quedando, el ciudadano recibe una la información sesgada. Por eso aparecen las contradicciones en forma de jubilados, parados sin recursos y obreros sin capital apoyan o militan partidos de derecha como el PP. Estoy convencido que la mayoría no tiene sólidas convicciones consevadoras, sino que no disponene de la información completa ni la han reflexionado. Sin hablar de los movimientos fascistoides que culpabilizan a los políticos de ser los responsables de este problema.

La sociedad tiene cierta aprensión a la izquierda. A la de verdad, no el teatro del pseudosocialista de la casta dirigente del PSOE o las pantomimimas marinaledienses. Una aprensión creada por información sesgada proveniente de unos medios de comunicación que no ofrecen versiones alternativas, no fomenta la discusión racional del problema, sino el pensamiento único de que “hemos vivido por encima de nuestras posiblidades“. Y ahora toca sufrir, claro. A ti y a mí, no a los verdaderos culpables. Sin embargo, dicha aprensión es ficticia porque su lucha se ha caracterizado por la defensa de un estado del bienestar que proteja a los débiles, la igualdad de acceso a las oportunidades o al desarrollo personal, el derecho a un trabajo, vivienda, educación y servicios sanitarios dignos. La situación de peligro de desaparición que ahora esto soporta está en peligro debido, en parte, a esta desinformación interesada. Por ello hay que reaccionar no sólo con protestas y movilizaciones sociales, sino compaginando esto con otro tipo de actividad mucho más peligroso para el urfascismo: la difusión del conocimiento.

La charla del profesor Vincenç Navarro que enlazo abajo es un ejemplo ilustrativo. Además de proporcionar datos que pueden contrastarse, se plantean alternativas razonables para afrontar el problema de la crisis que padecemos. Esto es lo que debe promover la izquierda: difundir las ideas. Aprovechar y utilizar el entramado social preexistente (partidos, asociaciones, sindicatos, etc) para promover el debate acercando al ciudadano ponentes que hablen de todo tipo de temas: ciencia, filosofía, literatura, política, economía, arte… Hacer que profesores enclaustrados en universidades e institutos salgan a la calle. Que artistas y profesionales se acerquen al ciudadano. Que investigadores y políticos enseñen al pueblo lo que hacen. Estoy seguro que muchos de ellos estarían dispuestos a ceder parte de su tiempo en charlas y otras actividades de este tipo a poco que se les convencieran.

Pero ¡ojo! Evitando la tentación del control. Organización y fomento, pero no control, porque todo tipo de control no sólo provoca desigualdades, sino que es la antesala del urfascismo que se supone que se combate. Una cosa es rebatir tesis que son erróneas o que intentan someter o perjudicar a la mayoría de la sociedad y otra cosa es vetar que ciertas ideas tengan cabida. Además, evitar la concentración de estos enventos o charlas en la cercanía de las elecciones. Porque la idea es que el conocimiento proporcione al ciudadano las herramientas para que, entre todos, podamos construir una sociedad libre. Esto no se debe hacer para ganar unas elecciones, porque entonces se estará haciendo lo mismo que hace la derecha: manipular a las masas en provecho propio. Si se quieren ganar las elecciones, habrá que hacer otras cosas. Por ejemplo, demostrando mendiante estos eventos que la izquierda está representada por gente formada, razonable y capaz.

Hay que dar al pueblo las armas que necesita para defenderse del urfascismo: el conocimiento. Con el conocimiento, el urfascista se bate en retirada y vuelve a la guarida que no debió abandonar. El conocimiento vacuna y previene al cuidadano de confusiones y ambigüedades que sirven de caldo de cultivo de urfascistas. No lo permitamos, entre todos no debería ser difícil. Y de camino, este conocimiento evitará y, quizás, revertirá la invasión de la morralla posmodernista que ahora invade y crea ese conglomerado difuso llamado izquierda, incluidos ecoloanalfabetos, fascistoides camuflados, catetos vestidos de limpio  y arribistas con la pretensión de vivir del cuento a base de machacar al subalterno.

La charla del profesor Vincenç Navarro, en dos partes. Muy interesante e ilustrativa.

http://www.dailymotion.com/video/xt8lye_conferencia-vicenc-navarro-uimp-2012_news
http://www.dailymotion.com/video/xt8obd_conferencia-vicenc-navarro-uimp-2012-parte-ii_news

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Mentiras y falacias del sector goebbeliano (¿o es estalinista?) de IP-IU.

Iba a hacer una entrada en Facebook pero me estaba quedando larga y aquí se explica mucho mejor, así que trataré de desgranar esta noticia que raya el esperpento, amén de manipuladora y falaz. ¿Por qué? Vamos por partes. La noticia no es nueva, ya se ha tratado en varios sitios, incluido esta misma bitácora.

Como se puede oír, la manipulación aparece varias veces. Como ejemplo se evita, conscientemente, utilizar la palabra “despido” para utilizar, en su lugar, la mucho más aséptica “no renovados” evitando llamar a las cosas por su nombre. ¿Por qué? No lo sé, pero el responsable de esta “tendencia” lo podría explicar y quedarnos todos más tranquilos. Sin embargo, es curioso constatar que en la misma noticia se habla de indemnizaciones como consecuencia de sentencias. Bueno, la naturaleza ha dotado a cada cual de unas limitadas dotes y, por tanto, es posible ser hábil en la manipulación de noticias pero muy torpe al dejarse caer en contradicciones serias. Durante mucho tiempo pensé que estas cosas sólo se daban en el bando nacionalcatolicista, pero es evidente que me equivoqué y que las habas se cuecen en todos lados.

En una buena manipulación, lo importante es destacar lo que interesa a pesar de que la justificación no tenga relación alguna con lo que se justifica. Si cuela, cuela, que diría Goebbels con algunas birritas en el cuerpo. Dice la noticia: “Desde el gobierno municipal se ha indicado que las indemnizaciones de los trabajadores no renovados responden a la contratación fraudulenta que tuvieron durante años con la concatenación de contratos de 2 o 3 meses” (las negritas son mías). Pues no, falso, mentira cochina. Las indemnizaciones son consecuencia del reconocimiento en un juzgado que la concatenación de contratos deriva en una plaza de trabajo con la categoría de fijo indefinido. Por tanto, es contrario a la legislación laboral despedir a un trabajador fijo de facto sin indemnización. Como se produce tal despido, el juez condena al Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca a pagar una indemnización por despido (más los salarios de tramitación). O a su readmisión, pero esto lo discuto a parte. Esa, y no otra, es la causa por la que se percibe la indemnización, que ya va siendo hora de que nos enteremos.

La capacidad de lectura comprensiva tiene un carácter extrañamente discriminante en mi pueblo, porque varía dependiendo de la orientación política del texto en cuestión o, lo que es lo mismo, es inversamente proporcional a la orientación política del texto leído. O, dicho en lengua vernácula, que la derecha no quiere entender un texto que va en contra de actuaciones de la derecha, pero la izquierda lo entiende perfectamente, y viceversa. Por tanto, con una lectura comprensiva del párrafo anterior debería quedar claro que el gobierno municipal de Izquierda y Progreso-Izquierda Unida (y en la pasada legislatura, el propio PSOE) despidió a personal laboral que debía ser fijo según la normativa laboral vigente en el momento de cursar la correspondiente demanda. No por la condición fraudulenta de los contratos, que es otro tema. Sigamos con esa cuestión ¿por qué se mete aquí lo fraudulento de los contratos si no tiene nada que ver? Porque ahora vienen las falacias lógicas. La primera que se usa es la falacia non sequitur, es decir, la consecuencia que se expone no se desprende de los hechos. Esta falacia pretende vestir una explicación interesada (“no renovaciones” por contratos fraudulentos) para no dar cuenta de la verdadera causa del despido (improcedente por ser el trabajador personal laboral fijo indefinido de facto).

Pero las falacias no quedan aquí. La noticia sigue diciendo: “Contratos que recibieron el visto bueno de la sección sindical de la UGT en el Ayuntamiento gobernado anteriormente por el equipo socialista”. ¿Esto que dice la noticia es cierto? Sí, pero no tiene una relación causal directa con lo que se trata, porque los hechos siguen repitiéndose ahora, el gobierno de Izquierda y Progreso-Izquierda Unida sigue realizando esos contratos concatenados de corta duración, igual de fraudulentos que los que se citan en la noticia, con el beneplácito de la sección sindical de UGT. Volvemos a caer en la falacia non sequitur, mezclada (a mi entender) con la falacia del hombre de paja, que persigue alterar la tesis para debilitarla y atacarla con más fuerza. Es decir, para reforzar la posición de la tesis de los “no renovados” ataco la posición de la sección sindical de la UGT que, es cierto, transigió con la existencia de estos contratos en el Ayuntamiento. Con la particularidad de que en este caso, la mayor responsabilidad recae en el patrón, en el que contrata que, en este caso, es el Ayuntamiento gobernado por Izquierda y Progreso-Izquierda Unida.

La noticia sigue y entra en la parte que a mí me resulta más nauseabunda, por las conclusiones que se siguen de ella. La noticia dice que “Fuentes cercanas a la alcaldía han recalcado que con las no renovaciones se conseguirá ahorrar más de un millón de euros por año, a pesar de las indemnizaciones a los trabajadores…[sigue]”. Volvemos a la “neo-lengua” que tanto gusta de usar al PP, el no llamar a las cosas por su nombre. El problema aquí es que se pondera como una buena gestión económica algo que es un error de gestión de recursos humanos y de capitales públicos. ¿Por qué? Porque sobre el trabajador despedido recae la opción, por parte del patrón, de indemnizar o ser readmitido en su anterior puesto de trabajo. En el caso de readmisión, sólo hay que abonar los sueldos de tramitación, es decir, los sueldos que se han dejado de percibir a causa de haber sido *injustamente* apartado de su puesto de trabajo, dado que se es fijo indefinido. Por otra parte, si no se readmite, a esta cantidad hay que añadir la indemnización que le corresponda. Por tanto, hubiera sido mucho más ventajoso desde un punto exclusivamente económico readmitir al trabajador. Pero hay más, porque muchos de los trabajadores despedidos han sido sustituidos por otros contratados de manera igual o más precaria -aunque, eso sí, mediante un procedimiento aparentemente más transparente- lo que implica una mala gestión de los recursos humanos dado que el trabajador despedido se supone en general más eficiente que el eventual que, obviamente y como no puede ser de otra forma, necesita un periodo de aprendizaje.

En definitiva, se intenta engañar a la opinión pública vendiendo por buena gestión algo que no lo es, porque existen otras formas mejores de gestionar recursos públicos. Además, resulta paradójico que un partido de izquierdas se centre tanto en el rendimiento económico en claro perjuicio del capital social, del recurso humano, que tradicionalmente es la parte importante de su filosofía. Aunque a veces esto se olvida.

La noticia continua “…que en muchos casos no superaron pruebas de acceso de ningún tipo y donde se saltaron todos los procesos de selección y contratación”. El enunciado es cierto, pero en el contexto donde se publica encierra falacias concatenadas. La primera es que no tiene relación con la noticia, es decir, la falacia non sequitur. Pero ¿por qué se introduce? Para desviar de nuevo la atención, la falacia de la pista falsa, intenta demonizar al trabajador para que el oyente se forme una opinión contraria al mismo, resaltando a la vez la posición del gobierno municipal que ha echado a la calle a vulgares enchufados, justificando los despidos de cara a la población. Esto me produce nauseas, porque al criminalizar al trabajador se miente y se desvía la atención de lo principal: que el trabajador es el actor en una obra de teatro cuyo guión lo escribe el que contrata, que es el verdadero responsable. Pero se machaca y se sigue machacando al trabajador por parte de un partido que, de nuevo paradójicamente, debe defenderlos. Cuando les conviene, claro.

Se suponía que el Lado chachi de la vida ni iba a tomar represalias con los trabajadores (a pesar de que ya hay dos trabajadores sobre los que se puede certificar que lo han sido, sin contar los que no se puede -aún- demostrar) y su gobierno iba a ser más transparente y legal. Pues no, no se están mostrando diferentes al anterior gobierno socialista del que abominan. Porque si el problema es que no hay dinero, se analiza lo que se puede recortar y se hace, siempre defendiendo los derechos adquiridos por trabajadores y salvaguardando el servicio público. Pero este gobierno resalta la irregularidad del contrato y castiga al trabajador, que no es el culpable, en vez de al empleador, que sí lo es y al que no se le exigen responsabilidades. Encima, se vanagloria del ahorro a expensas del despido del trabajador. Eso solo lo he visto en partidos de derechas. O en regímenes totalitarios.

La base de la ideología de izquierdas (recomiendo leer a Gustavo Bueno) es la defensa de los derechos de los trabajadores. Al menos es lo que siempre he entendido. Si estoy equivocado, ruego que se me corrija. Por tanto, resulta paradójico que un partido de supuesta ideología de izquierdas, defensor del trabajador, realice una mezquina labor de propaganda enmarañando el discurso con términos en forma de mentiras. Al pan, pan y al vino, vino. Eso que dicen es mentira y una manipulación de la realidad. El que la induce (porque esto no es obra de los redactores de la TV) es un mentiroso y un manipulador.

Señores de IP-IU: me parece vergonzoso. Me temo que alguien tiene errores importantes sobre conceptos ideológicos. Salvo, eso sí, que estén construyendo ideología según convenga y sobre la marcha. Por que no, no pueden presumir de defender una ideología de izquierdas. Al menos, la parte que se centra en la defensa del trabajador y la transparencia. Lo contrario, lo que ustedes hacen, ya lo hacía el PSOE antes que vosotros. Eso sí, en esta legislatura hay más destreza goebbeliana que en la anterior.

Perdónenme, pero siento asco.

 

 

 

Una crítica a los despidos y una propuesta.

En los últimos meses he escrito mucho, fundamentalmente en Facebook, sobre los despidos que se están sucediendo en el Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca. Para evitar que alguno se equivoque y que quiera detectar incoherencias (que las puede haber) entre lo que digo en un sitio o en otro, las voy a poner aquí todas juntas, sirviéndome del auto-plagio para ahorrarme trabajo.

A modo de pequeñísima introducción hay que exponer que durante la campaña electoral, determinados miembros y/o simpatizantes de IP-IU alentaron a su electorado diciendo que iba a realizar “una limpia” en el Ayuntamiento, eliminando a los enchufados. Eso no sólo quedó en la campaña, sino que tras los comicios, se dio el caso de que algún cargo electo acudió a las instalaciones municipales a advertir que esa “limpia” iba a producirse. Esta circunstancia generó tal grado de inquietud entre los trabajadores municipales que el candidato por IP-IU, Juan Manuel Valle Chacón, tuvo que realizar declaraciones a la TV Los Palacios el pasado 25 de mayo para “lanzar un mensaje de tranquilidad a todo nuestro pueblo y especialmente a los trabajadores de la plantilla del ayuntamiento” explicando su intención de hacer un gobierno “basado en el respeto a los trabajadores del Ayuntamiento“, entre otras cuestiones.

Sin embargo, a finales de junio se despidieron a unas 50 personas (la cifra no está clara, unos dicen que 52, otros 51 y otros 49: me quedo con un número redondo). Esto cayó como un jarro de agua fría porque las declaraciones en los medios (como se puede comprobar) fueron otras. Es más, se hizo gala de un desafortunado (a mi entender) juego dialéctico repetido en varias ocasiones para salvar el tipo: no son despidos, son no-renovaciones, terminaciones de contratos. Es evidente que quien domina los términos encuentra la fórmula para sacudirse su responsabilidad.

En todo caso, es una sangría que sigue produciéndose lentamente en el Ayuntamiento. Aunque, para no faltar a la verdad, los despidos comenzaron con el anterior gobierno socialista, muchos de ellos con la amenaza/promesa de volverlos a contratar cuando “la cosa” fuese mejor (vamos… no denuncies y no seas tonto, que se te cierran las puertas). A pesar de que ciertas voces tildan los despidos como partidistas, tienen poca razón. La realidad es que tras 26 años de gobierno socialista, pocas son las personas que trabajan en el consistorio que no tengan una relación con el PSOE, ya porque sean afiliados, o familiares, o amigos, o afines, o… Es un argumento absurdo. Mi principal problema con los despidos no es su aparente falta de criterio, no es que las arcas estén vacías por culpa del anterior gobierno (una realidad indiscutible que, a pesar de ser cierta, se repite incansablemente como excusa, porque la realidad es que no sabe cómo salir del problema en dónde están metidos y tienen que echar la culpa a alguien). El problema es que IP-IU fue una bocanada de aire fresco en los enrarecidos asuntos municipales que concitó la esperanza del cambio en muchos ciudadanos, pero empiezan a hacer lo mismo que sus predecesores: mentir. La “no renovación” de una persona que lleva muchos años trabajando para el Ayuntamiento mediante la concatenación sin solución de continuidad de contratos temporales es un despido, lo diga Agamenón o su porquero, en palabras de Antonio Machado. No es la única vez que mienten en tan corto recorrido de esta legislatura. Pero abundemos…

Una táctica empresarial básica en el mundillo de la ortodoxia capitalista consiste en despedir a los trabajadores en cuanto las cosas empiezan a no ir bien. Que eso suceda en empresas pequeñas, de pocos trabajadores, en las que el margen de beneficios es reducido es, hasta cierto punto, comprensible. Sin embargo, cuando se trata de grandes empresas (el Ayuntamiento podría asimilarse una de ellas en cuanto a número de trabajadores) parece que es la táctica común, antes de reducir su margen de beneficios y proteger, de esta forma, uno de sus bienes que deberían ser de los más preciados: el capital humano. Sin embargo, el Ayuntamiento no es una empresa y su principal recurso, su principal valor, es ese capital humano que hace funcionar los servicios básicos al ciudadano. Si se despiden a los trabajadores, pasan dos cosas. La primera es que se produce una merma en los servicios que recibe el ciudadano y éste tiene que buscarlos en el área privada, generalmente más caros para el ciudadano. Esta es una tendencia típica de las políticas conservadoras (que algunos llaman neoconservadoras, liberales o neoliberales), el desmantelamiento de los servicios básicos a pesar de que crearlos ha costado mucho dinero público, mucho esfuerzo y, en más de una ocasión, mucha sangre de personas que han luchado para conseguir este estado de derecho, de bienestar y de libertades.

Además, muchos de esos despidos suponen un atropello a los derechos de los trabajadores. Algunos, perderán su antigüedad en su puesto de trabajo si se les dejan varios meses en el paro con la promesa de volverlos a contratar, o de hacer rotación (esto ya lo hicieron en la anterior legislatura). Otros, con muchos años de servicio a sus espaldas, ven como sus derechos laborales son pisoteados porque, hasta la reciente reforma laboral, ya deberían haber sido fijos por el anterior gobierno socialista. Una vez se les notifique el despido, los tribunales se encargarán de denominarlos “improcedentes” o, según el caso, “nulos”. Cuando llegue el momento, el gobierno municipal tendrá que elegir entre la indemnización o la readmisión. En otros casos, la decisión sólo competerá al juez. Por tanto, estamos delante de un problema de planificación de los recursos humanos y económicos municipales, porque no parece probable que en unos meses la “cosa” mejore. Dentro de unos meses (6, 10, 14…) se resolverán las demandas y habrá que ejecutarlas. Si no se tiene dinero para indemnizar, habrá que readmitir. Y además, cabreados con toda la razón. A mí me parece imprudente por el desperdicio tanto del factor humano como del económico, pero es mi opinión…

Todo esto ocurre además bajo la batuta de un gobierno de izquierdas. Porque IP no es sólo IU, hay que recordar que IP procede del Partido de los Trabajadores de España, antes de la incorporación de éste al PSOE. Que a su vez procede del Partido Comunista de España. Es decir, lo que muchos (entre los que me encuentro) pueden considerar la esencia de la defensa de los derechos básicos de los trabajadores. Por eso, esta circunstancia extraña aún más. Y resulta aún más chocante si alguien ha escuchado alguna vez algún discurso de Juan Valle, el padre del actual alcalde. Yo recuerdo uno. Tuvo que ser en el verano de 1986 o de 1987, no lo recuerdo con exactitud (Manuel Begines Sánchez, actual concejal de urbanismo, estaba trabajando en una de las cuadrillas que allí estaban, a lo mejor ese dato sirve para aclarar la fecha). Como era habitual, aprovechaba el descanso en los estudios durante la época estival para trabajar en la construcción con mi padre; había que ayudar en casa. Esta vez estábamos en una ampliación de Marismillas, un poblado de colonización pedanía de Las Cabezas de San Juan. Hubo un problema laboral, que no recuerdo cuál (que con esa edad uno estaba en otras cosas) cuando el sindicato (CCOO) convocó a los trabajadores a la huelga. Se me quedó grabada en mi mente la fuerza, el énfasis, el vigor que este hombre ponía en los argumentos en defensa de los derechos de los trabajadores. Por eso, no entiendo a sus presuntos “herederos”, no comprendo cómo se puede renunciar de esta manera tan taimada a unos principios.

Veamos el problema:
1º. No hay dinero. Vale, es comprensible. Si no hay dinero, es difícil mantener las nóminas.
2º. ¿Es posible sostener a un Ayuntamiento de las dimensiones actuales con los pobres ingresos que se tienen y las deudas que se arrastran? Parece que no. Al menos, de una manera tradicional.
3º. Por tanto ¿la única solución del problema es echar a los trabajadores? El actual equipo de gobierno, (mal) asesorado por la Diputación de Sevilla, ha decidido que sí y actúa en consecuencia. Sin embargo, pienso que puede que se equivoquen.

El anterior postulante a alcalde perdió las elecciones, entre otras razones, porque quiso creer que la gente es tonta. No quiso ver que un pueblo no se maneja por medio de una reducida camarilla al servicio del líder. Pocas ideas y encima con un alto componente endógamo, que en tiempos estables puede servir para salir del paso, pero que en épocas difíciles no valen: hace falta valentía, imaginación, conocimientos y capacidad para aplicarlos.

Sin embargo, ideas nuevas y su puesta en marcha es lo único que nos va a salvar de la actual situación. Las recetas clásicas, visto lo visto, no valen de mucho. Ya se sabe, un economista es alguien que te explica hoy las razones por las que se equivocó ayer. El Ayuntamiento está asfixiado por deudas, sin dinero para pagar a sus trabajadores, acosado por acreedores… La situación es difícil, pero quizás haya una salida.

Tengo una propuesta. Me gustaría que se evaluase. Igual es una chorrada, pero ¿y si no? En un pueblo de más de 37 mil habitantes, hay gente de todo tipo: unas más listas, otras menos; otras más hábiles, otras menos… ¿Por qué no se solicitan ideas para solucionar la actual situación? Habría que idear una fórmula de participación que permitiese que la gente, con independencia de su facilidad para expresarse, pudiese exponerlas. Ideas que permitiesen a este Ayuntamiento ahorrar dinero, conseguir más, fórmulas que implicasen al ciudadano en la gestión municipal a la vez que ayuden a salir de esta situación no sólo al Ayuntamiento, quién sabe, a lo mejor a mejorar a muchas otras familias. No se trata de ceder poder, que esto a un político le da escalofríos, sino recibir, evaluar y aplicar las ideas que se consideren interesantes.

Empezaría por los trabajadores públicos. Son, con diferencia, los que mejor conocen las entrañas de la administración y en muchos casos qué “teclas” humanas y materiales hay que tocar para que el funcionamiento sea más eficiente. Por eficiente me refiero a que un mismo esfuerzo genere un trabajo mejor con menos esfuerzo y/o gasto de recursos. Pienso que se deberían evitar los despidos en la medida de lo posible. En segundo lugar, evitar o revertir en la medida de lo posible los cambios de puesto de trabajo incomprensibles porque, en muchos casos, la nueva situación relega a un puesto de nula relevancia intelectual u organizativa a personas con un profundo conocimiento de su trabajo. Esta pésima gestión de recursos humanos se asemeja mucho más a castigos y purgas internas (ya se sabe, en todos lados cuecen habas y en el ayuntamiento hay rencores profundos que renacen y se expresan en épocas de cambio… si los dejan, claro) que a una reordenación racional de los recursos. Es necesario potenciar las sinergias entre los empleados y los nuevos gobernantes, no lo contrario.

En este pueblo conozco a gente muy lista. Muchas de ellas sin estudios o con los primarios, pero más despiertas que el mejor licenciado. Permitir que estas personas se acercaran a la gestión municipal aportando ideas o procesos podría generar en planteamientos más racionales en la gestión de los recursos públicos y, tal vez, ahorro de cantidades de dinero que no se poseen. A veces las cosas se hacen de una manera porque “siempre se ha hecho así”. Tan sólo cuando lo miras desde otro punto de vista o con otros ojos te das cuenta que, tal vez, se puede hacer de otra forma. Son muchas las cosas, trabajos, procedimientos y gestión de personal que se podrían hacer de otra forma y que contribuiría al ahorro de recursos y de dinero.

¿Sería interesante? A mí me parece que sí.

Rebaja de sueldos: ¿una medida ejemplar?

Una persona que escribe en Facebook con el pseudónimo Miguel Marco me envía invitación a contestar una pregunta en la misma red social. Esta pregunta hace referencia a una moción presentada por el Partido Popular de Los Palacios sobre reducción de sueldos a políticos y reducción de personal eventual como consecuencia de los problemas de liquidez por los que pasa el ayuntamiento. Me he llevado varios días pensado la respuesta y, cuando la fui a exponer, comprendí que era demasiado extensa para ponerla en el Facebook, así la escribo aquí y por fin lo estreno.

Vayamos por partes, que diría Jack el Destripador.

Para empezar, pienso que las cuentas que detalla Manuel Vargas en la misma pregunta son impecables. Las he repasado (modestamente) y no les veo fallos. Pero no soy experto en la materia, por supuesto, lo único que he hecho es sumar y multiplicar. A pesar de eso, no veo cuál es la relación entre bajarse el sueldo y ser mejor político o persona. Sin embargo, que el Partido Popular de Los Palacios haya bajado el sueldo a su concejal liberado de manera consensuada con éste y de manera unilateral es considerado como una especie de afrenta a la sostenibilidad del gobierno por unos, o como una actitud demagógica por otros. Vamos, lo que se suele llamar “cogérsela con papel de fumar…”

Un trabajador debe cobrar según el trabajo que desempeña, su formación, su especificidad, el grado de responsabilidad… Un alcalde, un concejal, un asesor o un regabinaó cobran un sueldo según estos parámetros. El sueldo de un trabajador debería ser inviolable, puesto que es la base de la transacción comercial con el dueño de los medios de producción y una de las razones por la que se levanta temprano cada mañana. La rebaja del sueldo de una persona, voluntaria o involuntariamente, supone una merma de la capacidad adquisitiva del trabajador que no va correlacionada con una mejora de sus condiciones laborales o de otro tipo. Al sujeto que sufre la disminución del sueldo nadie le va a rebajar el precio de la luz, del gas, del agua, de la hipoteca, del Mercadona… El trabajador, por lo tanto, sufre una penalización como si estuviese haciendo mal su trabajo, y no es el caso (en principio).

Sin embargo, para este partido el sacrificio del trabajador es algo ejemplarizante, cosa que no deja de sorprender y que tiene que ver más con cuestiones ideológicas relativas a la tradición judeocristiana del sacrificio como vía de santificación o de mejora del individuo que con razones prácticas. El problema es que el sacrificio, cuando es innecesario o basado en conceptos equivocados, no conduce a nada. De hecho, para reducir el déficit pueden existir otras vías que no sea el despido masivo o la reducción de sueldos. Claro que para encontrarlas hay que dejar la senda de la ortodoxia y ser algo más imaginativo.

Un político es un caso especial de trabajador, con responsabilidades importantes y con gastos asociados que no son los habituales. Existe actualmente una tendencia a desprestigiar al político, a criticarlo como alguien que trabaja poco y en exclusiva para su propio beneficio o de sus allegados. Hay ejemplos notables de eso en todos los partidos, sin excepciones. Sinvergüenzas hay en todos lados. Sin embargo, ciertos sectores de opinión parecen interesados en establecer una relación entre lo mal que está la economía y el mal trabajo de los políticos en general, apuntando a la necesidad de que estos se reduzcan el sueldo para solucionar la crisis. Error. No hay relación causa-efecto: si el político hace mal su trabajo, o se le sustituye, o se le dice que espabile, no se le rebaja el sueldo como cuando se castiga a un niño por no hacer sus deberes. En vez de una reacción infantil del tipo ¡Te quedas sin postre!, lo que hay que hacer es invitar al político a que escuche el clamor popular que reclama mayor justicia social.

No pienso que la propuesta del PP sea demagoga sino que es una consecuencia ideológica de esta formación, que incorpora los prejuicios judeocristianos que ya he comentado con  estrategias ideológicas tendentes a reducir lo público en favor de lo privado (pruebas: me remito a lo que está haciendo en otras Comunidades Autónomas, lo que se hizo desde 1996 hasta 2004. Se puede argumentar que el PSOE también privatiza: pues sí, es cierto. ¿Y qué? También podemos hablar de eso, pero la propuesta que nos ocupa es del PP). Primero fueron los funcionarios, que cobran mucho para el trabajo que hacen; luego los políticos, que son unos inútiles; ahora los maestros, que tienen mucho tiempo libre; mañana… Se está fomentando, consciente o inconscientemente,  una imagen del trabajador público como alguien innecesario que cobra por encima de lo normal, porque hacen menos de lo que deben. Es alimentar una idea perniciosa que crece con facilidad en la sociedad cuando ésta está descontenta, porque ya nadie se acuerda cuando un alicatador podía ganar más de 5.000 € al mes, mientras muchos trabajadores públicos siguen y seguían alrededor de los 1.000 €. Cuando algo va mal, lo lógico es prescindir de lo superfluo. Prescindir o reducir el sueldo del político es inducir a pensar que éste es innecesario. De ahí al fomento del totalitarismo no va mucho. Mal vamos, porque la política es la base de nuestra sociedad.

No digo que el PP fomente el totalitarismo; es un partido de profundas raíces demócratas. Es la idea en sí la que lo hace.

En segundo lugar, no entiendo la razón de los liberados de los distintos partidos. En un momento en que se despiden a trabajadores públicos (¡huy, que me he equivocado, que ahora se dice “no-renovados”!), ignoro la razón por la que un trabajo administrativo (según expuso Manuel Vargas) que consiste básicamente en recoger las propuestas de los ciudadanos, presentar escritos en el registro del ayuntamiento o recoger documentación del mismo (esto es lo que me imagino que hace; ruego que si me equivoco que me corrijan) deba tener una persona dedicada a eso. Sobre todo porque la alternativa, es decir, como se ha hecho siempre, ha venido funcionando sin problemas. Siempre había alguien que si no hoy, mañaana podía recoger o entregar algo en el Ayuntamiento, por no hablar de las horas laborales que se han sacrificado para acudir a reuniones, y que deben seguir sacrificándose. De seguir así, habría que considerar el liberar a gente de hermandades, asociaciones… Sinceramente, con perdón, pienso que sobran, porque profesionaliza una figura que es innecesaria en un pueblo como éste. Es más, si cada concejal cobra 400€ y cede esa cantidad a su partido, la suma en bruto (2.400 €) da para pagar a una persona sin que ésta suponga ninguna carga para la exigua tesorería municipal. Claro que el Partido Andalucista en este caso está en franca desigualdad.

En cuanto a los coordinadores y asesores, mi opinión es confusa. Al principio me sorprendió, porque recuerdo las encendidas soflamas del actual alcalde contra su antecesor, cuando cargaba contra sus asesores y lo que cobraban. Para muestra, esta convocatoria de mitin donde (imagino) se despacharían a gusto sobre el tema.

Convocatoria pública de mitin electoral de IP-IU del 6 de mayo de 2011.

Entiendo la necesidad de un alcalde de contar de gente de confianza que le asesore en determinados temas o le realice gestiones que no son propias de un concejal. Es básico para mantener una coherencia interna en la coordinación de las diferentes políticas municipales. Es decir, pienso que si no son comisarios políticos, son necesarios. Respecto a los coordinadores, reconozco que al principio los consideré innecesarios, en tanto que ya había personal perfectamente formado que ejercía estas funciones con criterios administrativos y no políticos. Para eso están los concejales y los asesores. Sin embargo, al apartar a estas personas, perfectamente formadas y capaces en la mayoría de los casos, de sus funciones para sustituirlos por otras sin la suficiente experiencia, evidenciaba la profunda desconfianza de IP-IU hacia unos trabajadores que, en la mayoría de los casos, lo que pretendían era ganarse el sueldo. Pero parece claro que con anterioridad a la toma de posesión, la gente de IP-IU fue advertida por otros trabajadores municipales con menos escrúpulos que les aconsejaron de manera interesada hacia sus propios fines, nada claros por cierto. Me parece que ahora empiezan a darse cuenta. Por mi parte, advertí en su momento a la persona que correspondía (que me echó la misma cuenta que el que oye llover, dicho sea de paso). Ahora pienso que, si se plantea el asunto, habría que analizar las funciones de unos y de otros. Puede que determinadas delegaciones o áreas funcionales los necesiten, mientras que otros ejercen tan solo de comisarios políticos. Esos son innecesarios.

En resumen, no estoy de acuerdo con la propuesta del PP. Sobre todo cuando el ahorro no es tan importante y porque haciendo un plan adecuado, es posible ahorrar más sin mermar la capacidad adquisitiva de nadie y sin reducir los servicios que un Ayuntamiento debe ofrecer al municipio. Pero si el PP quiere hacerlo de manera unilateral, está en su derecho sin que nadie tenga que decirle nada. ¡Faltaría más!